Domingo, 26 de Julio de 2026

A Brunhilde Guggiari de Masi

La acuarelista que perpetuó la belleza de su jardín y dejó un legado de amor en el barrio Recoleta

26/07/2026 10:00 3 min lectura 58 vistas
A Brunhilde Guggiari de Masi

Un rincón repleto de recuerdos caracteriza la casa ubicada en el barrio Recoleta donde vivió durante muchas décadas la acuarelista Brunhilde Guggiari de Masi. La vivienda, diseñada en los años 40 por el constructor Crimi, conservaba su encanto original con un cerco verde que permitía entrever la fachada del chalet.

Brunhilde fue esposa del médico e investigador Rafael Masi y hermana del reconocido escultor Hermann Guggiari. Como artista, perpetuó en acuarelas todos los jazmines, rosas, claveles y orquídeas de su jardín, obras que convivían con fotografías antiguas de la familia en las gruesas paredes de aquella casa de otros tiempos.

Sus diez hijos y las meriendas del barrio

Por esta poética casa pasaron parientes, centenares de amigos de la familia y compañeros de sus diez hijos. Brunhilde recibía a todos con genuino cariño, invitando a los niños del barrio, sin distinción alguna, a merendar en la larga mesa de la casa. Después de jugar en la canchita ubicada en el gran patio, los chicos disfrutaban de la hospitalidad de la anfitriona.

La casa también fue escenario de tradiciones memorables, como los pesebres vivientes de fin de año, cuando se buscaba en el barrio a un recién nacido para representar a Jesús, y cada vecino asumía un rol especial en aquellas celebraciones.

Los martes de Bruni

Cada martes, Brunhilde recibía a sus sobrinos para almorzar, ocasión en la cual compartía momentos de intimidad familiar. Durante esas visitas, mostraba con cuidado sus recuerdos, apuntes y acuarelas de flores guardadas en una caja de madera como si fuesen sus posesiones más valiosas. Después de la comida, solía compartir un aromático té de jazmín mientras relataba historias de su vida.

La obra de Brunhilde Guggiari de Masi trascendía el arte pictórico. Su legado incluía el patio donde contemplaba y retrataba sus flores, sus cuadernos de dibujos, la casa misma, la larga mesa de encuentros familiares y todas las historias que compartía. Su fe, su amor hacia el prójimo y su generosidad formaban parte integral de su obra completa.

Una luz que sigue encendida

Edith Jiménez, amiga de infancia de Brunhilde, expresaba en un libro publicado en el año 2001 que lo más importante es el ser humano que brilla con luz propia. Aunque Brunhilde ya no está presente, dejó para siempre en la esquina de la calle ex-Boggiani y Mc Arthur una luz que continúa iluminando a quienes alguna vez pasaron por su casa.

Los lapachos rosados de la vereda del barrio Recoleta permanecen como custodios de su eterno legado, recordando a quien supo transformar la belleza natural en arte y la hospitalidad en una forma de vida.

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