Buscó silencio y encontró ruido: Un jubilado expone el conflicto por criptominería en Villarrica
Juan Andrés Bozzano, de 61 años, pastor, jubilado y ex director de una institución educativa, pensó haber encontrado el equilibrio que durante años buscó. Tras vivir 24 años en el centro de Villarrica, Departamento del Guairá, decidió mudarse a una zona más tranquila, donde por ocho años disfrutó de la calma junto a su familia.
Sin embargo, desde junio de 2024, ese proyecto de vida quedó abruptamente alterado por un ruido constante que, según denuncia, proviene de una planta criptominera instalada a pocos metros de su vivienda.
El cambio fue radical. Lo que inicialmente eran trabajos con maquinaria pesada, camiones, movimientos de tierra, terminó en la instalación de equipos que operan de forma ininterrumpida.
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Bozzano describe el sonido como una “turbina de avión al despegar”, permanente, sin pausas, incluso durante la madrugada. “No hay descanso, no hay silencio”, relató, al recordar que en apenas 15 días el nivel de perturbación lo obligó a buscar explicaciones.
A unos 700 a 800 metros de su hogar, identificó el origen del ruido; una criptominera de la empresa Bitfarms. Desde entonces, inició un proceso de denuncias que comenzó en la Municipalidad local y continuó en la Secretaría de Medio Ambiente local, tras una orientación recibida por el intendente en julio de 2025.
Su caso no tardó en viralizarse en redes sociales, conectándolo con otros vecinos que atravesaban la misma situación.
El problema dejó de ser individual. Al menos ocho grupos vecinales se organizaron para denunciar la contaminación sonora, respaldados por datos técnicos aportados por profesionales de la zona.
Mediciones oficiales realizadas por instituciones ambientales y la Fiscalía confirmaron que los niveles de ruido rondaban los 100 decibeles, superando ampliamente los límites legales establecidos, según Bozzano.
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El impacto en la salud del hombre fue inmediato. Con antecedentes de hipertensión, tinnitus producto de una rotura de tímpano y un episodio de parálisis facial, asegura que el ruido agravó sus condiciones.
El estrés constante, la imposibilidad de descansar y la sensación de no encontrar refugio en su propio hogar marcaron un deterioro progresivo en su calidad de vida.
La situación también afectó profundamente a su entorno familiar. La vida cotidiana cambió; conversaciones interrumpidas, noches en vela y una tensión permanente dentro del hogar. Sus hijos y allegados vivieron de cerca el desgaste emocional que implicó convivir con un ruido que no cesa.
Los cuatro perros de la familia comenzaron a mostrar comportamientos inusuales; ladridos constantes, nerviosismo, caminatas inquietas y alteraciones en su conducta habitual. “Ellos también sufren”, señaló, al describir cómo el entorno dejó de ser un espacio de bienestar para convertirse en un foco de estrés continuo.
El alcance del problema se extiende mucho más allá de su vivienda. Se estima que unas 500 familias en barrios aledaños perciben el ruido, incluso a distancias de hasta dos kilómetros en distintas direcciones. Lo que comenzó como una molestia puntual se transformó en una problemática ambiental de gran escala.
La situación también afectó a las mascotas del jubilado, que sufrieron alteraciones en la conducta habitual.
Una causa judicial dilatada
En noviembre de 2025, el Ministerio Público imputó al ex gerente de la empresa por contaminación sonora, con base en actas, testimonios y pruebas audiovisuales. Sin embargo, el proceso judicial ha enfrentado reiteradas dilaciones.
La defensa recusó al tribunal de sentencia y posteriormente al de apelaciones, logrando suspender el juicio oral en cuatro ocasiones. Actualmente, el caso se encuentra en la Corte Suprema de Justicia.
Pese a que la casa matriz de la empresa verificó la situación en diciembre y habría reducido el ruido en un 25%, los vecinos sostienen que el problema persiste, especialmente en horarios nocturnos. La sensación, según describen, es que el ruido “sigue ahí, no desaparece”.
En el barrio Santa Lucía, Denice Báez vive una realidad similar. La criptominera instalada junto a su vivienda en 2021 fue incrementando su capacidad, y con ello, el nivel de ruido.
“No podía descansar, me despertaba con la cabeza pesada, con jaquecas constantes”, relató, señalando que su salud se vio directamente afectada.
Báez explicó que intentó dialogar con los responsables del predio, quienes incluso visitaron su vivienda para comprobar el nivel de ruido. Aunque se realizaron modificaciones como el amurallamiento del lugar, las promesas de mitigación no se cumplieron. La comunicación, según indicó, fue difícil y poco efectiva.
Tanto el municipio como el Ministerio Público acompañaron las denuncias, y actualmente los vecinos aguardan la realización de un juicio que consideran clave para sentar un precedente. “Esto no es solo Santa Lucía, puede expandirse a otros barrios”, advirtió Báez.
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Desde el ámbito sanitario, la doctora Luz Aranda, del área de Salud Mental de la Cuarta Región Sanitaria, alertó sobre las consecuencias de la exposición prolongada a ruidos intensos.
Indicó que puede generar irritabilidad, trastornos del sueño, problemas de concentración, ansiedad y depresión, además de afectar el rendimiento general de las personas.
La especialista explicó que el descanso adecuado, entre seis y ocho horas, es fundamental para la recuperación del organismo, y que el ruido constante impide que el cerebro se desconecte completamente.
En casos extremos, señaló que la exposición continua podría incluso derivar en estrés crónico o postraumático, con manifestaciones físicas como gastritis nerviosa, dolores musculares o caída del cabello.
Un equipo periodístico del diario Última Hora visitó el pasado jueves las instalaciones de la empresa señalada, con el objetivo de obtener su versión sobre las denuncias. No obstante, no se tuvo acceso a entrevistas ni declaraciones oficiales.
El caso de Juan Andrés Bozano se ha convertido en un símbolo de una problemática emergente en Villarrica, el choque entre el avance tecnológico y el derecho a una vida digna. Mientras la causa avanza lentamente en instancias judiciales, los vecinos mantienen su lucha con la esperanza de recuperar aquello que un día buscaron; el silencio.
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