Cómo se compara la derecha que representa Abelardo de la Espriella con la que siempre gobernó Colombia
Abelardo de la Espriella, el derechista que disputará la presidencia de Colombia con el izquierdista Iván Cepeda, es un uribista total: lo que llaman un "furibista".
"Mi uribismo no está en duda; yo soy más uribista que doña Lina, Jerónimo y Tomás", dijo en campaña, en referencia a la familia de Álvaro Uribe, que fue presidente de 2002 a 2010.
Pero Uribe —que, si bien en descenso, no ha dejado de ser una figura clave de la política— no apoyó a De la Espriella en la primera vuelta de las presidenciales, aunque este domingo, tras los resultados en los que el abogado se impuso a su protegida, Paloma Valencia, por el voto de la derecha, lo respaldó en la contienda ante Cepeda el 21 de junio.
Las similitudes entre ambos son notables: vienen de élites rurales, son conservadores en lo cultural, capitalistas en lo económico, y tienen como pilar de su visión política la oposición categórica a la guerrilla, al comunismo, a la izquierda.
Ambos, de hecho, han sido acusados, por causas distintas, de haber colaborado con el paramilitarismo, el movimiento armado ilegal y contrainsurgente que dejó millones de víctimas.
Pero hay algo que no comparten: las formas que, en tiempos de redes sociales y crisis institucional, son cuestión de fondo.
Uribe no apoyó a De la Espriella y respaldó a Valencia, que este domingo apenas sacó un magro 6,5%.
Y aunque ahora se unan en la carrera contra Cepeda, lo que revela el distanciamiento con Uribe es que De la Espriella representa una nueva derecha, más similar a la de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei que a, por ejemplo, la de Winston Churchill, uno de los referentes de Uribe.
¿Qué es lo que representa Abelardo "el tigre" de la Espriella, y cómo se compara con las derechas que gobernaron el país hasta la llegada en 2022 de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda?
De la Espriella es calificado de ser de extrema derecha, pero a él le gusta decir que es independiente y que representa la "extrema coherencia".
Porque -al igual que Milei, presidente de Argentina— dice que su gran enemigo es "la casta", el "establecimiento tradicional". Pese a que él viene de ser un prominente abogado de personajes polémicos y mediáticos.
El principal rasgo de su perfil ideológico es el énfasis en la seguridad: propone construir megacárceles, fortalecer a los militares y acabar con las negociaciones de paz con grupos armados.
En ese sentido se parece a Uribe, pero con el componente estético que las nuevas derechas —por ejemplo la de Bukele— han introducido: De la Espriella se presenta en sus mítines con chaleco antibalas y un vidrio blindado a su alrededor. También es amante de las armas.
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Y se viste con ropa de lujo, goza de la ostentación, canta ópera y tiene una marca de ron.
En términos económicos, De la Espriella también presenta una versión similar pero un poco más radical, o más vocal, que la derecha tradicional: reducción del Estado, bajos impuestos, apoyo al empresariado.
En el fondo, su gran causa es la defensa de la propiedad privada.
Luego está el aspecto cultural; ese que las nuevas derechas han fortalecido en su cruzada contra el "wokismo", el feminismo, el liberalismo; ese que las viejas derechas comparten pero que no les resulta prioritario, en parte por su carácter liberal.
De la Espriella se declara en contra del aborto, la eutanasia y la adopción homoparental. En campaña presumió de su órgano reproductor, atacó a periodistas mujeres y descalificó a un candidato homosexual.
Más que de derecha, De la Espriella puede ser calificado como iliberal. Que es, en efecto, lo que más le distancia de las derechas tradicionales colombianas.
El historiador Germán Mejía Pavony publicó el año pasado "Entre la libertad y el orden", un libro que recoge la historia de la derecha en Colombia.
Para él, ser de derecha en ese país dejó de tener sentido cuando se firmó el Frente Nacional, un acuerdo que gobernó de 1958 a 1974 entre los partidos Liberal y Conservador para turnarse el poder y con eso evitar la violencia. En la práctica, significó la victoria de una centroderecha liberal y tecnócrata como principio de Estado.
"Con el Frente Nacional, la política se desideologizó y ser de derecha o izquierda dejó de tener sentido. Hoy la derecha vuelve. Es una palabra vieja que se vuelve nueva por la coyuntura política", asegura.
"La versión actual es mucho más desfachatada en su ataque a las instituciones. Sus líderes se hacen elegir por elecciones, dicen aceptar la Constitución, pero la cambian a su imagen y semejanza para acabar con la división de poderes", dice, en referencia a Bukele, presidente de gran popularidad en El Salvador gracias a su combate contra las pandillas.
En la década de 1920, existió en Colombia un movimiento denominado "Los Leopardos", que, en medio del auge del fascismo italiano, abogó por la defensa férrea de la religión y la familia nuclear.
Por su carácter iliberal, es el único antecedente que Mejía encuentra para el perfil de Abelardo.
El experto sostiene que la llegada de Petro al poder en 2022, la primera de un izquierdista puro y duro, abrió el espectro de movimientos que podrían tener cabida en el sistema político y "reavivó la derecha como concepto".
Pero el auge de De la Espriella también tiene que ver con cierta cooptación del uribismo por parte del sistema político tradicional, dice Yann Basset, politólogo de la Universidad del Rosario: "El uribismo se ha aburguesado, se volvió el partido de los estratos altos, mientras que De la Espriella moviliza a sectores populares con un discurso de meritocracia y de los 'nunca'".
El candidato dice representar a "los que nunca nos hemos robado un peso de la plata pública, los que nunca hemos vivido del Estado, los que nunca hemos pedido nada regalado".
Y en eso también busca distanciarse de una derecha tradicional que controló lo que en Colombia llaman "el establecimiento".
"Esta nueva derecha recupera el discurso del trabajo duro que el Centro Democrático (el partido de Uribe) perdió al volverse un partido de herederos políticos", dice Basset.
De la Espriella dice que Uribe, "junto a Bolívar, es el otro gran padre de la Patria".
Pero, desde su perspectiva, él defiende mejor que Uribe mismo el legado de Uribe.
"Represento la verdadera doctrina uribista (…) más moderna y actualizada", asegura.
Y agrega: "Soy el Uribe del 2002 (de su primera victoria), pero costeño y más bacán".
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