Derrotero intrincado hacia el 2028
Así, la mediatización de dimes y diretes, la exposición del tablero partidario y la parafernalia que envuelve a tal o cual expresión, con su consecuente interpretación antojadiza o que lleva agua para el molino de alguna facción, ocupan los espacios en la vitrina, en detrimento de los verdaderos problemas de una sociedad.
Inequidades acuciantes y deterioro en los servicios públicos se enseñorean cotidianamente y casi nada se resuelve, o bien a lo sumo mediante un parche para continuar direccionando la atención en el próximo mesías que aparecerá con la fórmula mágica. Los espacios se multiplican al servicio de las promesas de mejora, mientras el día a día expone circunstancias que golpean a la ciudadanía, bajo el cóctel de inseguridad e incertidumbre.
A nivel de ciclos, los dos últimos años de la administración del país suelen caer en el abandono paulatino de las políticas públicas; sumados al desgaste del gobierno de turno, mentalizado en pergeñar o acompañar proyectos y alianzas a fin de reconfigurar el tablero que permitirá consolidar la manida unidad granítica o nuevos cismas partidarios internos, mediante figuras emergentes con afán de poder.
Ante el escenario en el que todo vale para acceder a los futuros cargos del espectro público –donde la mesa ya se encuentra casi servida y los presupuestos estatales estarán al servicio de nuevos manoseos– subyace una deuda con la población, cuyas franjas más necesitadas priorizan el clamor por recursos que comienzan a aminorar para el bien común, pero a multiplicarse para la angurria de operadores y avivados funcionales a los espacios cooptados.
El negocio con dividendos seguros que envuelve al Estado continúa su engranaje y se retroalimenta en las expectativas por copar entidades estratégicas y sensibles con incondicionales que seguirán velando por la futura adjudicación millonaria, los contratos con amaño y sobrefacturados, la compra directa y sin control ni regulación.
En un andarivel paralelo, el fuego se atizará en las manifestaciones de reclamo, las exigencias de los sectores más golpeados, la carencia de una gobernabilidad con criterio y las atávicas luchas de segmentos a los que no les llega el derrame fantástico del crecimiento ni las cifras oficiales que ubican al Paraguay como la niña bonita regional de este momento coyuntural en la historia de los beneficios.
Frente al contexto monolítico que viene ayudando al partido gobernante en su posicionamiento general, emerge con fuerza la contraposición de figuras opositoras y que obligan a reajustes en las cúpulas: Asunción y Ciudad del Este vienen marcando el pulso de lo que será un férreo enfrentamiento hacia las generales. En tanto que el bolsillo de la gente común avizora un tiempo de mayores ajustes en las finanzas personales, en línea con la inflación creciente y las limitaciones para llegar a fin de mes.
Hace falta un sistema empático que acompañe la angustia reinante y proponga las verdaderas transformaciones, muy necesarias para aminorar los privilegios y detener el avance de la brecha jerárquica, en que unos pocos se abroquelan en santuarios e islas de riqueza, distanciados de una mayoría sumida en la base de la pirámide y que debate su estándar entre la indigencia, la pobreza y esa franja sutil que a algunos les permite superar vicisitudes meramente coyunturales, pero expuestos a golpes del destino que les reubiquen en el marco de las necesidades insatisfechas.
Con el tiempo, cualquier proyecto a espaldas de la ciudadanía quedará trunco e inmerso en un ideal fallido, propio de las cúpulas que deciden entre cuatro paredes. Cuanta más participación social en las decisiones y mayor involucramiento de todos los sectores, se podrá dibujar un futuro en que las autoridades miren más al elector y no solo a sus intereses de facción.
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