Dieta y ejercicio como complemento en el tratamiento del cáncer: lo que dice la investigación
Expertos internacionales exploran cómo el metabolismo, la alimentación y la actividad física pueden potenciar las terapias oncológicas
La comunicación entre el tumor y otros órganos
El tumor interacciona con los demás órganos a través del metabolismo, comunicándose con la grasa corporal y el sistema inmunológico. Esta interacción bidireccional es clave para desarrollar tratamientos más integrales que consideren estas conexiones metabólicas.
Guadalupe Sabio, jefa del Grupo de Interacciones Metabólicas del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), explica que comprender mejor esta comunicación es esencial para avanzar en las terapias oncológicas. Sabio fue una de las organizadoras de un reciente congreso que reunió a más de 150 expertos internacionales para analizar la relación entre metabolismo y cáncer.
Un enfoque terapéutico integral para el futuro
Según Sabio, la forma de concebir los tratamientos cambiará significativamente en los próximos años. Si bien la terapia farmacológica seguirá siendo central, estará acompañada por cambios en el estilo de vida que enfaticen la importancia del ejercicio físico y la alimentación adecuada.
Eileen White, del Instituto Oncológico de Rutgers en Estados Unidos, presentó durante las sesiones del Encuentro CNIO-CaixaResearch Frontier una propuesta innovadora: que las personas diagnosticadas con cáncer participen activamente en su tratamiento mediante hábitos prescritos médicamente, integrando así el ejercicio y la dieta como componentes terapéuticos.
El metabolismo alterado como factor determinante
Las evidencias científicas acumuladas demuestran que el metabolismo del paciente juega un papel esencial en la aparición y el desarrollo del cáncer. Núria Malats, jefa del Grupo de Epidemiología y Genética Molecular del CNIO, señala que la alteración del metabolismo constituiría una de las primeras causas en la aparición del cáncer, incluso más allá de los factores genéticos.
La investigación oncológica contemporánea enfatiza la importancia de esta desregulación metabólica, considerándola de manera global. El cáncer representaría una manifestación tardía de esa misma alteración metabólica que comienza mucho antes en el organismo.
Obesidad y riesgo de cáncer
Uno de los temas centrales en las discusiones científicas fue la obesidad, que se asocia con mayores riesgos de desarrollar ciertos tipos de cáncer, como el de mama, hepático y de colón. Además, la obesidad aumenta la probabilidad de metástasis en pacientes ya diagnosticados.
No obstante, los mecanismos exactos mediante los cuales la obesidad incrementa estos riesgos aún no se comprenden completamente. Se sabe que la obesidad produce alteraciones en el sistema inmunológico y cambios en el tejido adiposo, factores que influyen en la progresión del cáncer.
El tejido adiposo como órgano dinámico
La comprensión tradicional del tejido adiposo como simple acumulación inerte de grasa ha sido superada. En realidad, se trata de un órgano endocrino activo que determina el metabolismo de otros órganos, como el hígado.
Malats destaca que el índice de masa corporal, aunque es la medida disponible actualmente para definir la obesidad, resulta insuficiente. Es necesario desarrollar más marcadores para evaluar si el tejido adiposo es funcionalmente adecuado o disfuncional, condición que también puede presentarse en personas delgadas. De igual manera, existen personas obesas que mantienen un estado metabólico saludable, y entender estas variaciones es fundamental.
La complejidad de la obesidad y la diabetes
Las investigaciones revelan que no todas las obesidades ni todas las diabetes son iguales. Se trata de procesos mucho más complejos que requieren considerar la trayectoria individual: la edad de inicio, las fluctuaciones de peso a lo largo de los años y los diferentes subtipos metabólicos presentes en cada persona.
Factores externos como la dieta y el ejercicio físico interactúan continuamente con la desregulación metabólica, modificando su desarrollo y expresión. Esta complejidad sugiere que los abordajes preventivos y terapéuticos deben ser personalizados y multifacéticos.
Hasta ahora se han realizado aproximaciones muy simplistas, considerando un índice de masa corporal superior a 30 como criterio único de obesidad, cuando en realidad existe una gran complejidad que requiere nuevas formas de evaluación.
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