Domingo, 21 de Junio de 2026

Don Canuto González: El sacrificio de un adolescente en la Guerra del Chaco

A los 15 años, se alistó voluntariamente para liberar a su padre de la represalia militar

21/06/2026 10:05 3 min lectura 50 vistas
Don Canuto: El niño que cambió su libertad por la de su padre

Una decisión que cambió su destino

En el marco de la propuesta 'Las Últimas Voces del Chaco', se documentan las historias y testimonios de los soldados que participaron en la Guerra del Chaco, rescatando sus vivencias, recuerdos y el camino que forjaron tras el conflicto que marcó la historia del Paraguay.

Cuando los reclutadores llegaron a la casa de don Canuto González en Coronel Martínez, él tenía apenas 15 años. Con un hermano ya en el frente de batalla, sus padres se negaron a entregar al más joven, así que lo escondieron. La represalia fue inmediata: su padre fue encarcelado.

Al tercer día de encierro paterno, Canuto observó a su madre y tomó una decisión firme: presentarse voluntariamente al frente para que liberaran a su progenitor. Ese acto de sacrificio significó el precio de la libertad de su padre.

La vida en el frente

El adolescente fue trasladado a Puerto Casado y de allí, en tren, a su regimiento. Recibió instrucción en el manejo del fusil y técnicas de combate. La supervivencia en el Chaco se rigió por una máxima fundamental: 'Puede faltar la comida, pero no el agua'. Don Canuto recuerda el sabor amargo del jugo de las plantas que debían exprimir cuando padecían sed. A cada soldado se le entregaba una 'caramayola' con agua que debía durar cinco días, mientras que la comida era lo que más escaseaba, obligándolos a cazar animales silvestres para alimentarse.

Uno de los momentos que permanece vívido en su memoria es el disparo que recibió en la mano cuando un soldado boliviano disparó su fusil. Esta herida le dejó una secuela visible hasta hoy. Trasladado a Asunción para recibir atención médica, posteriormente regresó al Chaco para continuar combatiendo.

El regreso y sus consecuencias

Después de tres años en el frente, don Canuto volvió a casa, pero su hermano mayor no sobrevivió. El momento más doloroso fue cuando debió sepultarlo en suelo chaqueño bajo una cruz rústica que él mismo talló.

Sin embargo, el recuerdo que ilumina sus ojos es el del regreso al hogar. Don Canuto relata que su madre estaba en el patio pelando mandioca cuando lo vio llegar. Soltó el cuchillo y la raíz, y corrió hacia un abrazo eterno que reunió nuevamente a padre, madre e hijo.

Una vida dedicada al trabajo

Con el tiempo, don Canuto se casó y formó una familia de siete hijos, dos de los cuales ya han fallecido. Toda su vida se dedicó a trabajar la tierra; la secuela en la mano nunca fue un impedimento para agarrar la azada, el rastrillo y el machete.

Su esposa falleció hace 36 años. En la actualidad, su hija Mary lo cuida y vive con él. Aunque uno de sus hermanos murió hace un año, la familia ha decidido no comunicarle esta noticia para evitar causarle dolor.

Las celebraciones de don Canuto

La fecha en que don Canuto ríe sin cesar es el 17 de enero de cada año, día de su cumpleaños. En su casa reciben a los visitantes que van a saludarlo y sus hijas se visten con trajes típicos para bailar la polca 13 Tuyutí. Al verlas, el veterano sonríe, aplaude y sigue el compás de la música, demostrando que aunque la guerra marcó su cuerpo, jamás logró arrebatarle el ritmo a su corazón.

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