El sentido de la cruz en el seguimiento de Cristo
Reflexión sobre las enseñanzas de Jesús en el Evangelio según San Mateo
La misión de los discípulos
El Evangelio según San Mateo contiene cinco grandes discursos de Jesús, alusivos a los cinco rollos de la Ley de Moisés o Pentateuco. El segundo de estos discursos es conocido como el Discurso de la Misión, pues recoge instrucciones del Maestro para aquellos enviados a las ciudades y aldeas a anunciar la llegada del Reino de Dios.
En este contexto, Jesús enseña:
"Quien a vosotros os recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. Quien recibe a un profeta por ser profeta obtendrá recompensa de profeta, y quien recibe a un justo por ser justo obtendrá recompensa de justo. Y cualquiera que dé de beber tan solo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser discípulo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa."
La prioridad del seguimiento de Cristo
Las palabras de Jesús presentan un tono exigente y demandan decisiones firmes y generosas de sus discípulos. El Maestro contrasta su seguimiento y la evangelización con las dimensiones más esenciales de la persona, como la familia y la vida misma.
Al respecto, el Papa Francisco señaló:
"El afecto de un padre, la ternura de una madre, la dulce amistad entre hermanos y hermanas, todo esto, aun siendo muy bueno y legítimo, no puede ser antepuesto a Cristo. No porque Él nos quiera sin corazón y sin gratitud, al contrario, es más, sino porque la condición del discípulo exige una relación prioritaria con el maestro".
Jesús no promueve el rechazo o desprecio a los seres queridos, sino que ilustra el valor radical y primordial que tiene el amor a Dios y la búsqueda del bien de las almas, considerada la mejor forma de amar a los demás.
El significado de cargar la cruz
Sorprende que Jesús hable ya a los apóstoles de la cruz al inicio de su ministerio en Galilea, mucho antes de su Pasión. Sin embargo, estas palabras significan que el discípulo puede identificarse con el Maestro no solo porque es enviado a anunciar el evangelio, sino porque puede sacrificarse por los demás, como lo hizo Jesús.
La idea de la cruz puede producir cierto miedo natural, pero este se vence cuando se comprende bien el sentido de la cruz para cada persona. San Gregorio Magno lo explicaba así:
"Nosotros podemos cargar con la cruz de dos maneras: o bien dominando nuestra carne por medio de la sobriedad o bien haciendo nuestras por compasión las necesidades del prójimo".
La vida del discípulo generoso
Para la mayoría de los cristianos, cargar con la cruz cada día significa aprender a dominar las propias pasiones y gustos, especialmente para hacer la vida más amable. San Josemaría comentaba:
"Los verdaderos obstáculos que te separan de Cristo —la soberbia, la sensualidad—, se superan con oración y penitencia. Y rezar y mortificarse es también ocuparse de los demás y olvidarse de sí mismo. Si vives así, verás cómo la mayor parte de los contratiempos que tienes, desaparecen".
El discípulo de Jesús que se entrega generosamente experimenta una satisfacción interior. Quienes se benefician de su labor lo reciben con cariño y aprecio. Incluso un pequeño gesto de ofrecer un vaso de agua al discípulo es realizado como si se le ofreciera al propio Maestro, y por ello, los gestos de cariño hacia los servidores del Maestro serán recompensados por Dios.
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