Viernes, 07 de Agosto de 2026

La Cruz como camino hacia la felicidad

Una reflexión sobre el sacrificio y el amor como caminos para alcanzar la plenitud espiritual

07/08/2026 07:01 2 min lectura 136 vistas

En una invitación a seguir su ejemplo, Jesús se dirige hacia la Cruz e invita a sus discípulos a acompañarlo: "Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga".

Una reflexión clásica describe mediante una alegoría dos caminos distintos. El primero es ancho y cómodo, pero termina en un precipicio sin fondo, siendo el que siguen quienes se dejan llevar por los placeres mundanos. "Por dirección distinta, discurre en ese sueño otro sendero: tan estrecho y empinado, que no es posible recorrerlo a lomo de caballería. Todos los que lo emprenden, adelantan por su propio pie, quizá en zigzag, con rostro sereno, pisando abrojos y sorteando peñascos".

Un viaje de sacrificio y esperanza

En ciertos tramos del camino estrecho, los peregrinos dejan jirones de sus vestidos e incluso de su carne. Sin embargo, al final les aguarda un vergel hermoso: la felicidad eterna y el cielo.

"Es el camino de las almas santas que se humillan, que por amor a Jesucristo se sacrifican gustosamente por los demás; la ruta de los que no temen ir cuesta arriba, cargando amorosamente con su cruz, por mucho que pese, porque conocen que, si el peso les hunde, podrán alzarse y continuar la ascensión: Cristo es la fuerza de estos caminantes".

La felicidad a través del amor decidido

El propósito fundamental de toda persona es alcanzar la felicidad. Sin embargo, esta no se obtiene persiguiendo siempre lo más cómodo y placentero, sino amando de manera resuelta, incluso cuando el amor implique sacrificio.

"Lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado". Esta perspectiva invita a una actitud transformadora: "Por esto, me gusta pedir a Jesús, para mí: Señor, ¡ningún día sin cruz! Así, con la gracia divina, se reforzará nuestro carácter, y serviremos de apoyo a nuestro Dios, por encima de nuestras miserias personales".

Esta enseñanza propone que la verdadera plenitud se encuentra no en la evasión de las dificultades, sino en el encuentro con un propósito mayor, donde el sacrificio generoso se convierte en el fundamento de una vida plena y significativa.

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