Las ruinas de Asunción
De hecho que Asunción en 2026, sin genocidio –bueno, allá por 1869 fue ocupada y saqueada por el Ejército brasileño, pero no le digan a Lula–, lo que decía, Asunción sin genocidio actual y sin bloqueo se ve igualmente destruida.
La desgracia de la capital del Paraguay tiene nombres y apellidos y el color de un partido.
Quienes viven en Asunción, aquellos que todavía no han salido huyendo saben que la calidad de los servicios ha ido cayendo estrepitosamente.
La recolección de basura, el mantenimiento de las calles, los caudalosos raudales que seguiremos padeciendo, el temita aquel de los 500 mil millones de guaraníes, el estado calamitoso de las veredas y el tan degradado microcentro.
Todo esto sin mencionar los edificios abandonados y las viejas casonas que dejaron caer, construcciones convertidas en aguantaderos. La fea y triste realidad no se puede tapar con un poco de maquillaje, los proyectos tipo Palma Brilla, sacar los cables y ponerlos bajo tierra, etc. La restauración de algunos edificios, que no pasa de ser un maquillaje. Porque no hay un proyecto que lo sustente.
Lamentablemente, debajo seguirá la basura, la suciedad, las veredas rotas, los edificios abandonados y sus okupas chespis, los comercios cerrados, los letreros Se vende, la oscuridad, el abandono premeditado.
Porque resulta que destruyeron el patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad o lo dejaron morir, que es lo mismo.
Destruyeron todo aquello que hacía de Asunción una ciudad amable, medio elegante y simpática. Nada de eso ya existe, lo que queda son las ruinas de una ciudad y sus fantasmas.
Lo más gracioso es que la zona más cara de la ciudad, donde siguen elevándose más edificios, es donde menos servicios hay. No hay veredas, no hay desagüe y cuando llueve, y va a llover muchísimo en estos meses, eso se convierte en una riada apestosa.
El centro se mudó a donde ya saben, y destruyeron los barrios de esa zona. Todo muy lindo y muy modernoso con sus bares, pero es insoportable el tráfico en la zona. Y si sos de los chetos que están contentitos con su camioneta te pregunto si también te gusta el insoportable desmadre que es nuestro tránsito, durante todo el día.
Asunción es una ciudad sin espacios verdes públicos, lindos y seguros. Eso la convierte en una ciudad muy pobre, una ciudad que en realidad no tiene nada de qué jactarse si le niega a sus vecinos lo más importante: calidad de vida.
¿Se acuerdan del Parque Caballero? ¿Recuerdan el Parque de la Solidaridad? Ambos abandonados, porque a quienes mal administran la ciudad y el país no les da la gana de darle a la ciudadanía espacios gratuitos y seguros porque cuando ven un espacio público que conecta con el río, con la bahía de Asunción, enseguida ven los dólares que pueden ganar, pero nunca la felicidad de la gente.
Y esto no es todo. Ahora se vienen las elecciones municipales en octubre y es muy probable que los asuncenos por culpa del síndrome de Estocolmo y el machismo vayan a votar a los mismos que saquearon la Municipalidad, a esos que la dejaron en bancarrota prácticamente, y que no pueden ni quieren ofrecer servicios eficientes.
Encima ahora, como éramos pocos y parió la abuela, como se dice por ahí, salieron con la burrada de cobrar peaje a quienes entren a la ciudad. En fin...
Los ilusos que pagamos los impuestos y esperamos servicios eficientes –como se espera a papa Noel en diciembre–, ya nos resignamos a vivir en una ciudad inmunda, abandonada, llena de estaciones de servicio e insegura porque acá no solo te roban los motochorros, sino también te acechan esos otros, que a veces usan corbata y otras, un pañuelo al cuello.
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