Jueves, 05 de Noviembre de 2026
Economía

Peña es “ueno”, pero le gusta mentir

05/11/2026 07:02 3 min lectura 12 vistas

El mandatario conoce a la perfección sus dinamismos, sus vacíos y, sobre todo, sus debilidades. Es un técnico economista que ocupó la conducción del Banco Central del Paraguay (BCP) y la titularidad del Ministerio de Economía y Finanzas.

Con esa experiencia, resultaba imposible que ignorara la naturaleza y los riesgos de las operaciones que se gestaban en el sector. Tanto Santiago Peña como su hermano, Francisco Peña Palacios, figuraron como accionistas directos del proyecto que dio vida a la entidad financiera, un vínculo patrimonial y fundacional que invalida hoy cualquier intento de distancia prudencial.

A lo largo de los últimos meses, las alertas sobre las controvertidas operaciones de ueno bank y su ecosistema corporativo resurgieron con fuerza. Lejos de actuar con la cautela institucional, el presidente optó por asumir un rol de defensor activo. En reiteradas oportunidades, Peña salió al paso para blindar públicamente las transacciones de la entidad, restando gravedad a las irregularidades señaladas y calificando los cuestionamientos como meros ataques políticos. Él como máxima autoridad del Ejecutivo, operó como un escudo institucional de incalculable valor.

Ese respaldo no se limitó a las fronteras nacionales. Durante sus frecuentes giras internacionales, donde Peña se presentó como un embajador del clima de negocios de Paraguay, el mandatario insistió de manera vehemente en la solidez, la modernización y la transparencia del sistema financiero local. Con ese discurso avaló implícitamente a ueno para la captación de cuantiosos fondos e inversiones internacionales. El mercado global no solo escuchó al economista; escuchó al jefe de Estado garantizando un entorno confiable donde la entidad financiera donde él mismo tuvo participación directa aparecía como la abanderada de la vanguardia bancaria.

Paralelamente, durante su gestión gubernamental, el fenómeno ueno dejó de ser una historia de éxito privado para convertirse en un caso de crecimiento exponencial al amparo del poder público. El grupo corporativo ligado a esta marca –incluyendo a empresas como itti y el conglomerado del Grupo Vázquez– experimentó una expansión sin precedentes en el mercado local. Este crecimiento acelerado vino acompañado de una avalancha de convenios con reparticiones estatales, alianzas estratégicas para la bancarización de programas sociales y la adjudicación de jugosas licitaciones públicas.

Los números evidencian el volumen de esta relación. Solamente itti, la firma tecnológica del conglomerado, logró asegurar contrataciones con el Estado paraguayo por montos que superan de manera holgada los G. 230.000 millones en diversos contratos informáticos y de soporte técnico para instituciones clave. Asimismo, la migración masiva de cuentas y pagos estatales hacia la plataforma digital de ueno representó un flujo de liquidez e intermediación financiera extraordinario, consolidando la posición de la entidad en un tiempo récord que desafía cualquier lógica tradicional de competencia de mercado. ueno captó cerca de USD 750 millones de fondos públicos.

La indignación ciudadana nace de esta evidente contradicción moral. Quien fue accionista junto a su familia, quien diseñó el terreno normativo, quien defendió públicamente cada paso operativo de la entidad y quien utilizó la vitrina internacional del Estado para convalidar su solidez, no puede hoy lavarse las manos como si fuera un espectador ajeno a los hechos. La responsabilidad política no se disuelve con declaraciones evasivas ni con comunicados breves.

El presidente es tan cara dura que pretender desconocer el monstruo corporativo que ayudó a crear.

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