Martes, 09 de Junio de 2026
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Por qué la creciente popularidad de los banquetes masivos en Francia despierta recelos en la izquierda del país

09/06/2026 03:26 7 min lectura 69 vistas
Por qué la creciente popularidad de los banquetes masivos en Francia despierta recelos en la izquierda del país

Tres mil quinientos alsacianos hambrientos están devorando bandejas de embutidos y, de vez en cuando, rompen a cantar en coro generando una gran algarabía.

Es la última edición de un fenómeno gastronómico que está arrasando en la Francia rural.

La localidad alsaciana de Colmar —famosa por su casco histórico medieval de casas con entramado de madera— acogió el pasado fin de semana uno de estos banquets géants (grandes banquetes), los cuales se han visto envueltos repentinamente en una polémica política por su popularidad.

Estos banquetes, que organiza una empresa llamada Le Canon Français ("El Cañón Francés"), ofrecen por 81 euros (unos US$100) un menú de cuatro platos de gastronomía local, vino ilimitado y varias horas de camaradería y canciones compartidas.

Pero no todo el mundo celebra la iniciativa. Para el partido de izquierda radical Francia Insumisa (LFI), estos banquetes tienen un lado oscuro.

LFI dice tener pruebas de cánticos racistas e insultos dirigidos al personal inmigrante.

Aseguran que al incluir habitualmente carne de cerdo en el menú, los banquetes están diseñados intencionalmente para excluir a musulmanes y vegetarianos.

También hacen referencia a la participación financiera de un empresario ultraconservador llamado Pierre-Edouard Stérin como indicio de una motivación oculta: promover la agenda de la extrema derecha.

Stérin, un multimillonario que amasó su fortuna en el sector de los vales de regalo en internet, fundó un centro de estudios que impulsa planteamientos derechistas —como restringir la inmigración, frenar el aborto y promover la herencia cristiana de Francia—, los cuales son percibidos por muchos en el país como nacionalistas y excluyentes.

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"Si hubieran actuado de buena fe, Le Canon Français nunca habría aceptado a Stérin como inversor. Pero lo hicieron: aceptaron su dinero", afirma Emma Fourreau, eurodiputada de LFI.

"Y eso se debe a que comparten el mismo ecosistema político, cuyo objetivo es llevar a la extrema derecha al poder".

En el banquete de Colmar, celebrado en un enorme espacio similar a un hangar a las afueras de la ciudad, este tipo de acusaciones se descartan de plano.

En un ambiente festivo, los asistentes se sientan en largas mesas, con cincuenta personas a cada lado.

Muchos hombres visten lo que se ha convertido en una especie de uniforme de Le Canon Français: boinas y tirantes. Algunas mujeres llevan el traje tradicional alsaciano.

La dirección pronuncia una breve alocución para recordar a los comensales la "carta" que les obliga a comportarse con respeto y decoro; acto seguido, comienza la diversión.

Un ejército de camareros sirve bandejas de chucrut, seguidas de quesos de Alsacia y el tradicional pastel kougelhopf. El vino corre con abundancia.

De vez en cuando, los asistentes dejan los cubiertos y se unen para cantar.

Los temas clásicos de artistas como Michel Delpech y Joe Dassin son los favoritos.

Son canciones de una generación anterior, pero los participantes —que en su mayoría parecen tener entre 20 y 30 años— se las saben de memoria.

"Venimos por cuatro cosas: el ambiente, los amigos, el alcohol y la comida", comenta un joven, una respuesta que se repite una y otra vez.

Nadie quiere hablar de política, excepto para decir que consideran que toda la polémica se ha exagerado.

"Nada de esto representaba un problema, pero apenas Stérin se convirtió en accionista, se le dio a LFI una excusa para atacar. No se nos olvide que el año que viene hay elecciones", señala Quentin, de Besançon.

El público en Colmar es predominantemente —aunque no exclusivamente— blanco, y muchos expresaron su satisfacción por poder celebrar de manera tradicional entre amigos.

Sin embargo, la BBC no observó comportamientos ni escuchó expresiones que pudieran interpretarse como ofensivas.

Le Canon Français es una iniciativa de dos emprendedores —Pierre-Alexandre de Boisse y Géraud de la Tour— que comenzaron a vender vino por internet para ayudar a un amigo viticultor en dificultades durante la pandemia de covid.

A partir de ahí, empezaron a organizar eventos para recaudar fondos destinados a proyectos de conservación de patrimonio; el éxito de estas iniciativas dio lugar a los banquetes.

De Boisse dice que solo están recuperando una tradición francesa antigua de comer en comunidad —con buena cocina local— que se remonta a lo más profundo de la época medieval.

Con la Revolución Francesa, que llevó a la abolición de la monarquía, surgieron los banquets républicains (banquetes republicanos) para celebrar el nuevo sistema y, hasta hace poco, cada pueblo celebraba su banquet populaire anual: una especie de fiesta popular.

"Hoy en día, la gente pasa demasiado tiempo sola, en la casa y en las redes sociales. Han perdido la costumbre de reunirse y conversar. Lo que más satisfacción nos produce es ver al abogado sentado con el panadero, hablando animadamente", comenta De Boisse.

Las acusaciones de la extrema izquierda han molestado visiblemente a De Boisse, quien insiste en que carecen de fundamento.

"Por supuesto, no podemos controlar lo que piensan todos los asistentes. Y, ocasionalmente, puede que alguien bajo los efectos del alcohol diga alguna tontería. Pero nuestras normas son muy claras y figuran en el reglamento que todos aceptan al comprar la entrada", explica.

Dice que el partido LFI se equivoca cuando dice que solo sirven cerdo.

Es cierto que se sirve a menudo —ya que la charcutería forma parte de la tradición rural francesa—, pero no exclusivamente.

Además, le indignan las acusaciones de que se vio a alguien haciendo el saludo nazi en uno de los banquetes.

"Hablé con esa persona y me dijo que la acusación era un completo disparate", dice.

De Boisse, quien se define a sí mismo como católico, emprendedor y miembro de una aristocracia venida a menos, dice que excluir a las personas de los banquetes iría en contra tanto de su ética como de su sentido empresarial.

En referencia a Stérin, dice que nunca ha conocido personalmente al inversionista, quien "adquirió una participación del 30% simplemente porque vio que éramos muy rentables".

Para Emma Fourreau, de LFI, los banquetes son "retrógrados y una caricatura".

"No representan a la Francia moderna, un país rico en diversidad".

Su partido está intentando que las autoridades locales prohíban los banquetes y ha tenido un éxito inicial en la ciudad bretona de Quimper.

En Caen, donde se celebró un banquete en abril, la policía está llevando a cabo una investigación preliminar por acusaciones de provocación racial por parte de algunos asistentes.

De Boisse no niega que muchos —quizás la mayoría— de sus clientes sean probablemente de derecha o de extrema derecha.

"Pero fíjense en las elecciones. Así es como vota cada vez más gente en el campo", afirma.

"Miren, yo creo empleos, creo felicidad para la gente que viene a los banquetes. Vale, a estos políticos no les gustan mis socios, no les gusta la gente que viene a los banquetes, no les gusta mi nombre, pero ¿por qué tienen que atacarme?".

"¿Por qué no nos dejan en paz?".

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Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Diario Paraguayo gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del BBC NEWS.

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