Jueves, 02 de Julio de 2026

Tus pecados te son perdonados

La enseñanza de Jesús sobre el perdón divino y la sanación del corazón

02/07/2026 16:06 3 min lectura 29 vistas

El encuentro en Cafarnaúm

La fama de Jesús se extiende por diferentes lugares, y en todas partes le presentan enfermos para que los cure. Al llegar a Cafarnaúm, su ciudad, le presentan a un paralítico en una camilla.

Jesús, al verlo, le dice: "Ten confianza, tus pecados te son perdonados". Con esta palabra, Jesús demuestra su capacidad de mirar más allá de la enfermedad física. Él observa el corazón de la persona y reconoce que, además de la necesidad de sanación corporal, existe una necesidad más profunda: la del perdón divino.

La reacción de los fariseos

Los fariseos, al escuchar las palabras de Jesús, comienzan a cuestionarlo internamente. Su corazón, cerrado y estrecho, no logra comprender la magnitud de lo que presencian. Se consideran poseedores de la verdad, pero esta actitud los aleja de conocerla realmente.

Jesús, con una actitud acogedora incluso hacia quienes lo cuestionan, les pregunta: "¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: tus pecados te son perdonados o decir: levántate y anda?"

El milagro de la sanación

Jesús entonces realiza el milagro: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". El paralítico se levanta inmediatamente, recoge su camilla y regresa a su hogar completamente curado, no solo en el cuerpo sino también en el espíritu.

Al regresar a su casa totalmente sanado, el hombre recupera la capacidad de llevar una vida normal. Su transformación es integral: su cuerpo ya no lo limita, y su corazón ha sido purificado por el perdón.

El testimonio de los presentes

Todos quienes presenciaron el milagro regresan a sus hogares glorificando a Dios por las maravillas que han visto. El impacto de estos eventos trasciende el momento y la ubicación, inspirando a otros a reconocer el poder divino.

La reflexión sobre el perdón divino

San Josemaría expresaba su admiración ante el perdón de Dios con estas palabras:

"Si consideramos las cosas despacio, veremos que un Dios Creador es admirable; un Dios que viene hasta la Cruz para redimirnos, es una maravilla; pero un Dios que perdona, un Dios que nos purifica, que nos limpia, es algo espléndido. ¿Cabe algo más paternal? Así Dios Nuestro Señor, en cuanto le pedimos perdón, nos perdona del todo. ¡Es estupendo!"

La invitación al sacramento de la penitencia

A través de este relato, Jesús nos invita a acercarnos al sacramento de la penitencia, donde encontramos el mismo perdón que ofreció al paralítico. En este sacramento, nuestros corazones pueden ser limpiados y llenados de paz, tal como sucedió con aquel hombre que fue sanado en Cafarnaúm.

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