Sábado, 30 de Mayo de 2026
Política

A los 104 años murió en París Edgar Morin. Hasta siempre, querido Maestro

30/05/2026 01:01 5 min lectura 156 vistas
A los 104 años murió en París Edgar Morin. Hasta siempre, querido Maestro
  • Por Ricardo Rivas
  • Periodista

Nunca hubiera querido escribir lo que sigue. Murió unas pocas horas atrás, hoy viernes 29, en Francia don Edgar Morin. A los 104. La triste novedad la recibí a través del Luis Carrizo, un muy querido amigo-hermano rioplatense. “Hace un rato nomás que Edgar se fue”, me dijo con voz quebrada. Luis es un distinguido psicólogo uruguayo reconocido en buena parte de nuestra tan maltratada aldea global, amigo personal y discípulo del maestro Morin. “Qué bueno escucharte! En un momento de tanta tristeza”, agregó haciendo equilibrio en la cornisa del desconsuelo. “La congoja es profunda al igual que el agradecimiento a su vida, a su generosidad, a su legado y, entre todos -como ahora contigo- nos estamos ‘apapachando’ (mimando, abrazando, consintiendo, en el lenguaje popular montevideano) para procesar el adiós al maestro y al amigo, pero esa fraternidad que transitamos en el dolor, es la que tejió el propio Edgar ‘sin querer queriendo’, como le gustaba decir”.

El profesor Edgar Morin nació en París en 1921. El 8 de julio. Hijo de Vidal Nahoum y de Luna Beressi. Débil en su salud en la infancia, cuando tenía diez años su madre falleció. Falló su corazón.

Su refugio fue la lectura, transitar la cultura popular, el estudio, la aviación y el ciclismo. En el 1936 -cuando estalló la Guerra Civil española- militó en la organización “Solidaridad internacional antifascista” que preparaba y enviaba suministros a los republicanos. En 1938 se unió a las filas del Partido Frontista, una formación izquierdista, pacifista y también antifascista. En 1941 se unió a las Resistencia dentro de las “fuerzas unidas de la juventud patriótica”, para enfrentar a los ejércitos del nazismo que invadían Francia. Pero no dejaba de estudiar. En 1942 se graduó en historia y geografía y, luego, en derecho.

Pacifista y combatiente irregular. ¿Contradicción? En 2020, cuando la pandemia nos obligó a permanecer encerrados, a través -justamente- de un ofrecimiento solidario de Luis Carrrizo y otro muy querido amigo-hermano, Guilherme Canela Godoi, de la mano de la UNESCO, fui alumno “a distancia”, del maestro Morín. Me impresionó desde el inicio mismo. La actividad comenzó un martes “porque hoy cumplo 99 años”. Sonrió. Clavé mis ojos en él. Saco gris que viraba al azul claro según la iluminación del ambiente. Camisa celeste sin corbata, una chalina que caía sobre su pecho cuidadosamente desordenada. Dos anillos de plata en su mano izquierda. Uno en la mano derecha. Ponía énfasis a cada una de sus palabras con gestos y más gestos. ¡Era increíble! Sentía que, delante de mi -mágicamente- un audiolibro cobraba vida. “Siete saberes y la Agenda 2030”, así se titulaba el MOOC. Y, en ese contexto, en una de sus clases nos explicaba -con ejemplos y palabras bien sencillas- que “tenemos la necesidad de tener certezas para que estas nos guíen en la vida, pero considero que la vida consiste en la navegación en un océano de incertidumbres a través de islas, archipiélagos de certidumbres donde vamos a abastecernos”. Y así, sin que nadie se lo pidiera, con tono intimista, nos contó que “cuando tenía 20 años, Francia estaba ocupada por el ejército nazi y, por ende, (él) estaba en la Resistencia, que era sobre todo, un asunto de jóvenes”. Hizo una breve pausa y prosiguió: “Yo, a los 20 años, me decía: por un lado, quiero vivir porque todavía no viví pero, también, me decía que querer sobrevivir no tenía sentido. Vivir, (en aquel momento histórico para aquellos sujetos históricos) significaba enfrentarse al combate. Y, resistir, era eso. Vivir corriendo el riesgo de morir.

Así, pues, pienso que el gran aprendizaje que aquello me dejó es que aprendí y procuro enseñar que es preciso afrontar la incertidumbre que encontraremos siempre, siempre, en nuestro camino para vivir”. Ese era también Edgar Morin que había combatido junto con Francoise Mitterrand. Que protagonizó el Mayo Francés del 68 junto con Daniel El Rojo, con Alain Touranine, Cornelius Castoriadis y tantos otros y que, como periodista, escribió las crónicas e interpretaciones de aquellos días para Le Monde. Vuelvo a las palabas de Luis Carrizo. “Edgar decía… voy tirando semillas y van cayendo en terrenos que a veces son fértiles, a veces más o menos, a veces no tanto y otras veces desaparecen en la sequedad y, desde esa mirada te ponía en cuestión cualquier corsé de marco lógico (ninguno de los dos ocultamos algunos sollozos). ¡Lo que le debemos a Edgar no tiene nombre ni cuantificación!”. Apuntó. Su voz se acalló. Edgar Morin fue condecorado con la orden de la Legión de Honor; con el Premio Internacional de Catalunya; con la Gran Cruz de la Legión de Honor que le entregó el presidente Emmanuel Macron para celebrar su centenario. La más profunda pena nos invade a quienes pudimos ver y aprender a y de don Edgar Morin desde otra condición como lo es haber sido uno de sus alumnos. Por esa razón este obituario desprolijo -en el que no se consigna entre tantos datos su extensa bibliografía que miles contarán- es para poder dar gracias a usted, Maestro Edgar Morin y a la vida que me han dado tanto.

Etiquetas: #París Edgar Morin#querido Maestro#don Edgar Morin

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