Carteles
Aquella mañana, luego de un sueño transitado, la avenida de entrada y salida al país en el Puente de la Amistad apareció convertida en una pasarela de carteles nada amistosos escritos en portugués.
En ellos podía verse a un tipo, muy parecido al ex presidente brasileño Jair Bolsonaro garroteando a un sujeto vestido de Albirroja en el césped de un estadio de fútbol.
“Brasil mandó e hizo lo que quiso en la cancha y la política”. “En el fútbol goleada, en la economía liderazago”. “En la diplomacia respeto”, eran las frases que podían leerse. ¡Moopio!
La reacción fue inmediata creando un hervidero de indignación a lo largo y ancho de los 406.752 kilómetros cuadrados. Un grupo de ciudadanos, encendidos de rabia, enarboló el cartel de la Justicia por mano propia y procedió a derribar y quemar algunas de las pantallazas.
Otros decidieron colgarse el cartel de héroes de la palabra y en una medida que quedará en los anales de la retórica contraatacaron con Paraguay Mbarete.
Hasta ahora aparece un gran cartel el signo de interrogación al no saber cómo fue para que esos, ¿anuncios de supremacía? fueran puestos a la vista de todos con total impunidad y en una de las ciudades más transitadas del país.
Las autoridades también se colgaron el cartel de patriotas de primera hora. Fueron sus pechos las murallas que defendieron las afrentas a tu ser, ¡oh, patria querida!
Pasemos por alto el pequeño detalle de cómo hace poco nomás, al aprobar el acuerdo SOFA con EEUU enarbolaban un cartel donde básicamente le decían al país del Norte que disfrute a sus anchas de esta parte de su patio trasero, ya que nadie los molestaría para nada.
También la semana pasada Santiago Peña, uno de los tres presidentes de la República, eligió colgarse el cartel de arrogante. Ante la pregunta de una periodista sobre su declaración jurada, insinuó que ella podría estar recibiendo dinero del clan Rotela “para atacar” al presidente.
¿No era acaso más fácil decir que la pregunta podía trasladarse a la Contraloría o que todo estaba en el informe que ya presentó?
Ah, no olvidemos a los hurretrolls y pubertarios que de seguro alzarán su cartel de niñatos como lo hicieron en ese momento.
Ya que estamos, como sociedad civil podemos elaborar varios carteles con las tareas que tenemos pendientes y podemos cumplirlas en los momentos de indignación.
Por ejemplo, podríamos alzar el cartel de la defensa del medio ambiente y las comunidades ancestrales que son avasalladas por las plantaciones de soja transgénica.
Desde hace décadas estas grandes parcelas de cultivos, muchas de ellas de brasileños, han pasado factura a la tierra y el ecosistema, mostrando así un gran cartel que alerta sobre sus consecuencias.
Así como vamos, que no le extrañe levantarse una mañana cualquiera y encontrarse con una parcela de soja en la puerta de su casa mientras la fumigadora avanza para darle los buenos y últimos días.
También podemos levantar el cartel de la dignidad y dejar de celebrar que este país sea el destino elegido como el ideal, no por sus paisajes o climas sino porque pueden reírse de las leyes laborales. Y de la obligación de las vacunas y etc, etc, etc.
Pero en una semana más, ya estaremos en otra sintonía. Luego de una espera de 16 años, volveremos a escribir en diversos carteles la pasión que mueve la Albirroja.
Ahí aparecerán los carteles de “Hagamos un asado”, “Juntémonos a ver el partido” “¿Cuánto lo que vas a poner?” “No le avises nomás a fulano, encima que no pone nada es más trago guasu que camello con fiebre de influenza”.
Súmese, usted también, si quiere, a pesar de los infames. Dé rienda suelta a esas ganas de disfrutar esta fiesta. Sobre todo, levante ese cartel con letras bien grandes donde diga que nadie, pero nadie, tiene derecho a robarle la alegría.
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