Cincuenta años de dedicación familiar: la historia de Tranquilino y Genara en San Juan del Paraná
Una pareja cultiva productos naturales en su granja con el apoyo de sus hijos y nietos, demostrando resiliencia ante los desafíos de salud
Tranquilino Silverio, de 67 años próximo a cumplir 68, y su esposa Genara Tocaimaza, de 63 años, residen a dos cuadras de la playa San Juan del Paraná, en el barrio 24 de Junio. Nacidos y criados en la zona, ambos mantienen junto a su familia una tradición que trasciende generaciones: la cría y venta de animales y productos de granja 100 % naturales.
Esta actividad ha sido su forma de vida durante más de 50 años de matrimonio, ahora con el involucramiento activo de sus hijos y nietos en las labores cotidianas.
Continuidad ante adversidades
Hace dos años y medio, Tranquilino enfrentó un desafío significativo de salud que requirió una amputación, dejándolo en silla de ruedas. A pesar de esta limitación, la familia decidió mantener su emprendimiento. Cada miembro asume diferentes responsabilidades para garantizar la continuidad de su medio de subsistencia.
Productos y ofertas actuales
En la actualidad, la granja ofrece una variedad de productos naturales:
- Leche de vaca a G. 5.000 el litro
- Huevos caseros a G. 15.000 la docena
- Harina de maíz
- Gallinas, patos y cabras
- Lechones y chanchos a pedido para temporadas festivas
Zunilda Silverio, hija de la pareja, se encarga de promocionar los productos mediante WhatsApp, facilitando el acceso de los vecinos a estos artículos. Actualmente, la leche de cabra no está disponible debido a que una de sus cabras tuvo mellizos y se ha priorizado su cuidado.
La preferencia por lo natural persiste
Según relata Zunilda, a pesar de la creciente industrialización, existe una preferencia constante entre los vecinos por productos naturales. La granja cuenta con una variedad amplia, incluyendo un chivo que actualmente está disponible para la venta.
Un pedido especial a las autoridades
La familia ha expresado una necesidad importante: tanto Tranquilino como Genara no perciben la pensión de la tercera edad ni acceden a otros beneficios del Estado, a pesar de su edad avanzada y la condición de discapacidad. Ambos sostienen que la actividad es su vida y no desean abandonarla, pero consideran que una ayuda gubernamental facilitaría continuar adelante con mayor estabilidad.
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