Viernes, 30 de Octubre de 2026
Sociedad

Del chatarrismo conceptual al sabio sentido común

30/10/2026 13:03 3 min lectura 159 vistas

Acá solo hay que ver cómo la obsesión por la titulación del cartón deja por el piso el amor al conocimiento y la ética, la fragmentación de las relaciones educativas básicas, especialmente, la del docente con el alumno y sus padres, protagonistas reales de la comunidad educativa, están haciendo estragos en el desarrollo moral de los estudiantes, los cuales se ven atrapados en luchas de poderes de adultos infantilizados. También se puede escuchar a gente sin formación específica en educación pontificar disparates y hacer campañas emotivistas que ocultan ideologías dañinas desde sus puestos de poder, a los que por lo visto llegan sin una elemental comprensión lectora.

Pero incluso la falta de formación intelectual formal no es excusa para el cretinismo cívico, ya que es compensatoria la experiencia y el uso del sentido común. Cualquier abuela paraguaya comprende más la realidad que los tecnicistas que solo repiten clichés y palabras talismán para pegar a ellos sus ideas enlatadas. Es la chatarra mental que vienen a tirarnos desde fuera a cambio de supuestas ayudas que no son tales, aquellos que la desechan para sus hijos. Es como si en el país de las verduras y las proteínas nos impusieran arruinar nuestras cosechas y la crianza de vacas, para obligarnos a comprar comida chatarra y proteína sintética. Claro, una comida que no les dan ellos a sus hijos.

Y lo más triste es ver la sumisión de los que se arrogan la rectoría de una educación que hoy enferma la mente y el corazón antes que desarrollarlas con rectitud de intención.

Estamos en una crisis educativa grande. Se ve en la formación docente, se ve en la presión burocrática estatal a la que son sometidos, los jóvenes están intelectualmente famélicos y moralmente debilitados por falta de alimentos educativos sanos para aquellas dimensiones de su ser que son los más específicos de la persona, tales como la inteligencia, la voluntad, la memoria y la libertad responsable.

Si queremos desarrollarnos como país y salvar a esta generación de chicos tan talentosos que tenemos, debemos los adultos liberarnos del complejo de inferioridad que nos hace rechazar la comida saludable de nuestra tradición educativa, la cual une la lógica al conocimiento y une la formación de hábitos de carácter a la ética, enriqueciendo todas las dimensiones personales en una verdadera integralidad.

Acá el problema no es material, es antropológico. ¿Qué visión tenemos sobre los paraguayos que formamos y que queremos formar? Sin raíz no hay árbol que se sostenga en las tempestades de esta época convulsionada.

Lo decía el Doctor Cano Montanía esta semana en el Congreso de Filosofía Cristiana: la educación no puede limitarse a suma de asignaturas o destrezas independientes. Se necesita una concepción unitaria del ser humano que guíe la planificación y ejecución de los programas y métodos. Y esta concepción antropológica ya existe en nuestro acervo cultural, no hay que inventar nada, sino ser coherentes con esta verdad. Sabernos persona (con dimensiones racionales, corporales, relacionales, espirituales, y con una dignidad única) revela la belleza y magnitud de la tarea educativa, y nos debe servir de guía y sostén ante esta magna obra.

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