Despeñadero
Fueron como las 95 tesis de Lutero clavadas en el pórtico de la iglesia De Todos los Santos de Wittenberg, que trajo consigo el mayor cisma de la Iglesia católica.
En esta, querían que sea público para que quede bien en claro quién detenta el poder real.
El ex banco del presidente Peña era sujeto de un poderoso misil a la quilla que sacudió el cotarro financiero. En el afán de diluir el impacto, saltaron otros sectores a pedir informes de otras entidades en la idea de instalar que todos tienen algún muerto escondido en el armario enviando a su paso el peor de los mensajes hacia adentro y hacia afuera y eso con la interrogante incluida de si estamos cerca repetir la pesadilla de 1995.
Todos se hicieron de los ingenuos y fingieron normalidad cuando, en realidad, la cosa empezó mal y va a terminar mal.
Nombrar al ex titular de la financiera antecesora de ueno como presidente del BCP para que este lo haga banco a tres meses de la asunción de Peña era demasiado y vulgar. No contento con esta medida, la peor administración del IPS fue ordenada que sus fondos apalancaran a la nueva entidad haciendo levantar las cejas de las sospechas entre los aportantes del sistema que ya habían tenido la experiencia nefasta del Banco Nacional de Trabajadores. Y, ya saben, el que se quemó con leche cuando ve una vaca llora. El novel banco siguió creciendo de forma exponencial haciendo que circule la idea de que el verdadero dueño era Cartes y no Vazquez.
La cosa se complicó cuando el año pasado Santiago Peña públicamente reconoció que dejó de ser el accionista del holding matricial. Ahí todo quedó en evidencia y las sospechas se justificaron.
Como la política se ha convertido en rehén de los que tienen dinero, las dudas de la emergencia de un nuevo actor comenzaron a multiplicarse acicateado por el incidente grave de salud del verdadero centro del poder de este Gobierno. Se creyeron que podían buscar la sustitución, aunque salvara el incidente cardiaco.
La sucesión acicateó a los de adentro y a los de afuera.
Retornó Leite de EEUU que con su presencia a la diestra de “Dios padre” en el almuerzo posterior al grito del poder ratificó que sus críticas salen del propio Cartes. Al almuerzo no fueron ni Peña ni Alliana quienes en el aniversario del partido sacaron un comunicado llamando a la unidad y cuestionando el vice a Leite que sus tours mediáticos deben ser sustituidos por encuentros con el pueblo.
Todos aparentan que no están peleados cuando, en realidad, Peña más que ninguno ve el despeñadero cada vez más cerca. Nunca en este ambiente falta quien empuje a alguien para que acabe como acabó el Numero 2. El presidente in pectore tendrá que luchar por su vida política con todos los recursos que tenga que no son muchos para evitar el abismo que lo observa ahora con claridad.
Todos saben que es mejor negocio empujarlo que salvarlo y ya sabemos como terminan estas historias.
Con el pedido de informe le han tirado al centro de su referencia autónoma. Ahí donde están la plata y los socios de Peña. En su partido de adopción no tiene a nadie que evite el empujón.
Con una economía calificada por su crítico Leite como “peor que los tiempos de pandemia”, un malestar de médicos y de maestros, la suba del costo de vida y los combustibles no son pocos los que no se ofrecerían para empujarlo al despeñadero.
Casi no tiene margen de maniobra. Si quiere mantenerse con vida deberá prescindir de Cartes y para eso no tiene ni capacidad, ni fuerza ni deseos. Debe salir pronto al exterior para seguir teniendo la sensación de que preside este país.
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