Viernes, 30 de Octubre de 2026
Sociedad

El compromiso de abrir una fiesta

30/10/2026 04:02 5 min lectura 112 vistas
El compromiso de abrir una fiesta
  • Paulo César López
  • paulo.lopez@nacionmedia.com

Black Manzana será la banda encargada de abrir el Metal Feria Fest de este sábado 31 de octubre, desde las 10:00, en el parque Carlos Antonio López. Aquí un repaso sobre una banda que mueve e invita a corear sus letras. La entrada es libre y gratuita, pero se solicita una donación de alimentos no perecederos para niños en situación de vulnerabilidad.

En tiempos en que la música parece consumirse con la velocidad de un algoritmo todavía existen bandas que sostienen el viejo ritual del rock and roll como una forma de resistencia vital. No se trata solamente de tocar fuerte, de subir a un escenario o de vestir una estética determinada: se trata de creer que la música puede seguir siendo un espacio de comunión, catarsis y pertenencia. En Paraguay, Black Manzana encarna precisamente ese espíritu.

La banda nació en 2008, en un territorio tan cotidiano como simbólico: los pasillos de la Facultad de Filosofía de la UNA, entre clases, improvisaciones y zapadas en Lambaré. Como tantas agrupaciones de rock surgidas al margen de la industria, su origen responde menos a un cálculo profesional que a una necesidad existencial.

José Ferro, vocalista y frontman del grupo, lo resume con claridad: no encontraban el sonido que buscaban en ningún otro lado y decidieron construirlo ellos mismos. Esa pulsión creadora –tan elemental como romántica– es quizás la esencia misma del rock.

Black Manzana se formó alrededor de esa búsqueda compartida. Junto a Ferro en la voz y armónica, aparecen Emilio Miret y Pepelo Martínez en guitarras y coros, Nelson Miret en el bajo y Peto Demestri en batería. La formación conserva algo de cofradía barrial y de banda de amigos que crecieron escuchando discos hasta altas horas de la madrugada, alimentándose de la electricidad del rock clásico de los años setenta y ochenta. Sin embargo, reducirlos a la nostalgia sería injusto: su propuesta intenta dialogar con esa tradición sin convertirse en una simple réplica.

DUALIDAD

El propio nombre de la banda revela esa dualidad. “Black” y “Manzana”: oscuridad y sensibilidad, crudeza y cotidianidad. Hay algo deliberadamente ambiguo en esa mezcla, una identidad híbrida que parece sintetizar el espíritu de sus canciones. Ferro explica que el nombre funciona como una invitación a disfrutar de la música y del espectáculo. La frase con la que suelen definirse –“nosotros ponemos la música, la fiesta la hacen ustedes”– resume una filosofía profundamente rockera: el recital como experiencia colectiva y no como simple exhibición artística.

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A lo largo de los años, Black Manzana fue construyendo su camino con paciencia y persistencia. Desde el demo de 2009 hasta trabajos como “Rock and roll hoy” (2012), “Nuestra peña” (2016) y “El rey será el primero en caer” (2024), la banda consolidó un repertorio que oscila entre la celebración y la crítica, entre la ironía y la introspección. Sus letras hablan de asuntos cotidianos, de frustraciones laborales, excesos nocturnos, personajes marginales y contradicciones humanas, pero también de cuestiones psicológicas y sociales. Todo atravesado por un humor que evita la solemnidad y permite que incluso las heridas se conviertan en canciones coreables.

Esa mezcla aparece con claridad en temas como “No tengo trabajo”, “El diablo pide whisky”, “San Juan ára” o “José Luis Félix”, dedicada al mítico Chilavert, convertido aquí en figura casi legendaria del imaginario popular paraguayo.

En sus recitales, Black Manzana despliega una energía directa y sin artificios: guitarras filosas, ritmo constante y un espíritu festivo que recuerda que el rock nació para ser vivido colectivamente y no contemplado desde la distancia.

PERSISTENCIA

Pero quizá lo más valioso de la banda sea su persistencia. Mantener un grupo de rock en Paraguay nunca fue sencillo y mucho menos en una época dominada por otros géneros y lógicas de consumo cultural. Sin embargo, Black Manzana continúa encontrando público, especialmente jóvenes que descubren en sus canciones una autenticidad difícil de fabricar.

Ferro asegura con entusiasmo que las nuevas composiciones empiezan a prender en la gente y que cada presentación suma nuevos seguidores. En esa pequeña victoria cotidiana hay algo profundamente humano: la confirmación de que todavía existen personas buscando identificarse con una canción, encontrar refugio en un riff o sentirse parte de una multitud que canta las mismas palabras.

Porque al final el rock and roll quizás nunca haya sido solamente música. Tal vez siempre fue una forma de encuentro, una celebración contra el tedio y el desencanto. Y mientras existan bandas como Black Manzana, empeñadas en sostener esa llama entre amplificadores, humo y cerveza compartida, el viejo espíritu rebelde del rock seguirá respirando.

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Etiquetas: #Black Manzana#Metal Feria Fest#parque Carlos Antonio López#banda de rock

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