El Doradillo: una experiencia única en la guardería de ballenas de Puerto Madryn
Cada invierno, cientos de ballenas francas australes llegan al Golfo Nuevo para parir y criar a sus pequeños en este rincón de la Patagonia argentina
Un encuentro con los gigantes del océano
Cada invierno, cientos de ballenas francas australes regresan a las costas de Chubut para cumplir el ciclo más importante de sus vidas. Puerto Madryn se transforma en una ciudad donde estos gigantes marinos ocupan un lugar central en la experiencia cotidiana y en la atracción turística de la región.
Apenas se llega a Puerto Madryn, el mar presenta un espectáculo natural de gran envergadura. Frente a la costanera, las ballenas emergen a la superficie en movimientos que parecen una bienvenida. En esta ciudad, los cetáceos no son simplemente una atracción turística; forman parte del paisaje y los habitantes hablan de ellas con la misma naturalidad con la que otros hablan del clima. Aquí, los gigantes del océano son vecinos temporales que cada año regresan al Golfo Nuevo para dar continuidad a uno de los ciclos naturales más extraordinarios del planeta.
La guardería de las ballenas
A 16 kilómetros al norte de Puerto Madryn se encuentra el Área Natural Protegida El Doradillo, conocida internacionalmente como la guardería de las ballenas. Cada año, cientos de hembras de ballena franca austral llegan hasta las aguas del Golfo Nuevo para parir, amamantar y acompañar a sus crías durante los primeros meses de vida.
En 2024, BeachAtlas incluyó a El Doradillo entre las 100 mejores playas del mundo, destacando su biodiversidad y la posibilidad única de observar ballenas desde la costa. Resulta llamativo que, teniendo Argentina más de 2.700 kilómetros de costa atlántica, estos gigantes marinos elijan precisamente este sector de la Patagonia para reproducirse.
Características naturales ideales
La explicación radica en las características del Golfo Nuevo, cuyas aguas tranquilas ofrecen protección frente al océano abierto y generan condiciones ideales para que las madres puedan desarrollar un vínculo seguro con sus ballenatos. Las ballenas buscan tranquilidad para completar este ciclo biológico. Aquí encuentran un entorno protegido, con profundidades adecuadas y un nivel de resguardo difícil de encontrar en otros puntos del Atlántico Sur.
La particularidad de este lugar es que no es necesario embarcarse para observarlas. Gracias a la profundidad de la costa y al comportamiento de las mareas, las ballenas se acercan sorprendentemente a la playa. Muchas veces pueden verse a apenas 15 o 20 metros de la orilla, ofreciendo un espectáculo difícil de igualar en cualquier otro destino turístico del mundo.
El Doradillo representa uno de los destinos naturales más fascinantes de Sudamérica, donde la observación de fauna marina se convierte en una experiencia cercana y accesible para visitantes de todas partes del mundo.
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