Los dos hijos: una parábola sobre el cumplimiento del deber
Reflexión sobre la invitación divina al trabajo y la importancia del arrepentimiento genuino
La enseñanza en el Templo
La escena se sitúa en el Templo de Jerusalén, donde Jesús enseñaba a la multitud. Unos príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo lo interrumpieron para cuestionarlo sobre la autoridad con la que realizaba sus acciones. Estos personajes consideraban que solo ellos estaban capacitados para interpretar la ley de Dios como guías del pueblo elegido por el Señor.
La parábola de los dos hermanos
Jesús respondió con una parábola que retomaba una tradición bien conocida en Israel: la reacción diferente de dos hermanos ante una misma situación. Historias como las de Caín y Abel, Ismael e Isaac, o Esaú y Jacob formaban parte del conocimiento de sus oyentes.
En esta parábola, uno de los hermanos afirma públicamente su disposición a cumplir la voluntad del padre, pero no lo hace. El otro manifiesta su rechazo inicial, pero posteriormente recapacita, se arrepiente y cumple lo que su padre le solicita.
Dos formas de responder a Dios
La parábola ilustra dos actitudes frecuentes: quienes responden a los requerimientos divinos de manera rutinaria y desganada, abandonando sus obligaciones ante la menor dificultad, y quienes, tras reconocer su falta, se esfuerzan genuinamente por cumplir la voluntad de Dios.
La invitación divina al trabajo se expresa en las palabras que el padre dirige a sus hijos: "Hijo, ve a trabajar a mi viña". Esta frase resume la llamada constante de Dios a sus hijos para que cumplan sus obligaciones con la mayor perfección humana y sobrenatural de la que sean capaces.
Las dificultades del vivir cotidiano
Jesús conoce las tensiones internas que enfrentamos diariamente: la lucha contra la pereza, la tentación de fijarse más en las acciones ajenas que en las propias responsabilidades. También reconoce las dificultades en el ámbito familiar, profesional y en las amistades.
Como observa el papa Francisco, Jesús "conoce las ansias y las tensiones de las familias" e incorpora estas realidades en sus parábolas, desde aquellas sobre hijos que abandonan sus hogares hasta situaciones de comportamientos complejos o conflictivos. Dios se hace cargo de nuestras dificultades y espera con paciencia nuestra rectificación y respuesta generosa.
La conclusión contundente
Las palabras finales de la parábola resultan particularmente fuertes: "En verdad os digo que los publicanos y las meretrices van a estar por delante de vosotros en el Reino de Dios". Esto significa que quienes sufren por sus pecados y desean genuinamente un corazón puro están más cerca del Reino de Dios que muchos que se proclaman cristianos pero permanecen indiferentes.
La enseñanza invita a la reflexión profunda sobre cómo respondemos a la invitación divina en nuestra vida cotidiana, recordándonos que el arrepentimiento genuino y el esfuerzo constante por cumplir nuestro deber nos acercan más a Dios que la complacencia o la práctica religiosa superficial.
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