Domingo, 14 de Junio de 2026
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Luis Szarán: la música como brújula de una vida de dedicación artística

El compositor y director de orquesta paraguayo relata su trayectoria desde Encarnación hasta consolidarse en la escena musical internacional

14/06/2026 07:01 4 min lectura 142 vistas
La vida al compás de Luis Szarán: “No tenía para mi pasaje y vine en un camión de yerba”

Los inicios de una vocación musical

Luis Szarán nació en Encarnación el 24 de setiembre de 1953, siendo el menor de ocho hermanos. Su infancia transcurrió entre el arrozal que su padre Basilio Szarán poseía en Yuty, Caazapá, y posteriormente en Encarnación, donde cursó sus estudios escolares. En la escuela, un encuentro casual con la música de Sila Godoy marcó un punto de inflexión en su vida, generando una fascinación por el sonido que emanaba de lo que él describe como «esa caja de madera».

A los ocho años comenzó a estudiar guitarra clásica de forma clandestina, aprovechando la enseñanza de vecinos, ya que su madre consideraba la carrera musical como una aspiración poco realista. Sin embargo, a los once años ya leía partituras y componía sus primeras piezas musicales, demostrando una dedicación temprana a su vocación artística.

La decisión de dedicarse profesionalmente a la música

A los doce años, el maestro José Luis Miranda, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, lo invitó a trasladarse a Asunción para formarse profesionalmente. Szarán no contaba con recursos económicos para costear el pasaje, por lo que realizó el viaje en un camión de yerba. Su hermana mayor facilitó su partida convenciendo a su madre de que se trataba de estudios para formarse como economista.

Este cambio representó un sacrificio significativo: abandonó a su familia, amigos y educación formal, pero con la convicción de que la música era su destino. La formación bajo la mentoría de Miranda fue fundamental en su desarrollo artístico, estableciendo una relación de gratitud que perduraría toda su vida.

Formación académica y primeras composiciones

La creatividad musical de Szarán se manifestó tempranamente en diversas formas. A los diecinueve años contrajo matrimonio, período en el que compuso canciones para serenatas con cierta flexibilidad en su estructura lírica, permitiendo adaptar nombres según fuera necesario.

A los diecisiete años estrenó su primera obra orquestal, experiencia que resultó desafiante. El estreno fue dirigido por un maestro de la época, y tras meses de trabajo en los arreglos de orquestación, el resultado no fue el esperado. Este evento determinante lo llevó a tomar una decisión crucial: estudiar dirección de orquesta para dominar el arte de interpretar obras ajenas con la rigurosidad que merecen.

Formación internacional

En 1975, Szarán obtuvo una beca del Gobierno italiano que le permitió viajar a Roma para estudiar dirección orquestal en el Conservatorio de Santa Cecilia. Previamente, se perfeccionó en el Teatro Colón de Buenos Aires bajo la dirección del maestro Hans Swarowsky, considerado una referencia mundial en la época.

Trayectoria como compositor y director

Szarán ha desarrollado un amplio catálogo que comprende aproximadamente sesenta obras musicales. Su filosofía respecto a la creación artística enfatiza que la música es un proceso continuo de exploración, creación e innovación, sin punto final definido. Describe la creatividad como la capacidad de observar aquello que otros no pueden percibir y encontrar nuevos caminos expresivos.

Durante quince años fue director de un ensamble musical en Venecia, Italia, período que le permitió profundizar en lo que denomina «La dolce vita» —el arte de vivir bien— experiencia que influyó en su perspectiva sobre la vida más allá del sacrificio artístico. Durante esta etapa también desarrolló la cocina como segunda pasión.

Reflexiones sobre la dedicación artística

Szarán reconoce que su dedicación profesional a la música, aunque gratificante, requirió sacrificios en su vida personal. La constante dedicación a su carrera y los viajes internacionales impactaron en su entorno familiar, situación que él mismo identifica como una de las consecuencias de priorizar la excelencia artística.

Actualmente mantiene que la música define su existencia, siendo imposible concebir su vida sin ella. Su trayectoria representa el recorrido de un artista que transformó una vocación temprana en una carrera internacional de relevancia, contribuyendo al desarrollo cultural tanto en Paraguay como en el escenario musical europeo.

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