Marcos Laguardia: “El uso de herramientas de gestión y análisis de datos se convirtió en un recurso diario para los administradores”
(Por LM) El rol del administrador dentro de las empresas está atravesando una transformación. Si décadas atrás el perfil más buscado estaba asociado principalmente al cumplimiento de procesos, el orden de la información, la contabilidad y el manejo de normativas, hoy las organizaciones esperan mucho más de estos profesionales. La capacidad de interpretar datos, utilizar herramientas digitales, liderar equipos y comprender el negocio de manera integral comienza a marcar la diferencia.
En el marco del Día del Administrador, que se celebra este 9 de setiembre, Marcos Laguardia, socio director de Capital Humano, explicó que el conocimiento técnico continúa siendo la base de la profesión, pero dejó de ser suficiente para responder a las necesidades actuales de las empresas.
“Ese piso técnico sigue siendo necesario, pero ya no alcanza”, señaló. Según el especialista, las organizaciones, incluidas muchas empresas familiares que avanzan hacia una gestión más profesional, buscan perfiles híbridos, capaces de comprender el negocio de punta a punta y de utilizar la información para tomar decisiones, no solamente para elaborar reportes.
El cambio implica pasar de un profesional enfocado principalmente en la ejecución de procesos a uno con una participación más activa en la gestión. “Se pasó de buscar un buen ejecutor de procesos a buscar un gestor con visión estratégica”, sostuvo Laguardia.
Datos, comunicación y liderazgo
Entre las competencias que actualmente tienen mayor peso en los procesos de selección para posiciones administrativas aparecen el pensamiento analítico y la capacidad de tomar decisiones basadas en datos. A esto se suman la comunicación oral y escrita, la adaptabilidad, la tolerancia a la ambigüedad y un estilo de liderazgo orientado al desarrollo de los equipos.
El componente digital también ocupa un lugar cada vez más relevante. El administrador actual necesita manejar herramientas de gestión, análisis de datos e inteligencia artificial aplicadas a sus tareas cotidianas.
Para Laguardia, este conocimiento ya no puede considerarse un diferencial accesorio. “Dejaron de ser un factor básico para convertirse en una herramienta del día a día”, afirmó al referirse a las tecnologías digitales y la inteligencia artificial.
La transformación tecnológica también está modificando las propias tareas del área administrativa. Actividades repetitivas como conciliaciones bancarias y de cuentas, generación de reportes periódicos, carga y ordenamiento de datos, procesamiento de facturas y respuestas a consultas rutinarias pueden ser automatizadas progresivamente.
El efecto, según el ejecutivo, no necesariamente implica una pérdida de relevancia del profesional administrativo, sino una modificación de su función. Al reducir el tiempo destinado a tareas repetitivas, la tecnología permite que el profesional pueda concentrarse en actividades que requieren análisis, criterio y toma de decisiones.
Las habilidades blandas marcan la diferencia
Paradójicamente, uno de los principales déficits que se identifican en los procesos de selección no está relacionado con los conocimientos técnicos, sino con las llamadas habilidades transversales.
Laguardia señaló dificultades frecuentes para comunicar ideas con claridad, especialmente por escrito, y para fundamentar decisiones utilizando información concreta. También mencionó la falta de experiencia práctica en gestión de equipos y proyectos, así como ciertas dificultades para asumir responsabilidades y tomar decisiones en contextos de incertidumbre.
Otro aspecto que llamó su atención es la diferencia entre saber utilizar tecnología y saber aprovecharla profesionalmente. El hecho de que las nuevas generaciones hayan crecido rodeadas de dispositivos y plataformas digitales no significa necesariamente que tengan incorporado el uso estratégico de estas herramientas dentro de una organización.
“Están todavía con eso, no como uso como herramienta de trabajo”, explicó al referirse a la distancia que puede existir entre el manejo cotidiano de la tecnología y su aplicación para la gestión empresarial.
Qué deberían desarrollar los futuros administradores
Ante este escenario, la formación de los profesionales que ingresarán al mercado laboral también plantea nuevos desafíos. Para Laguardia, uno de los primeros puntos es desarrollar pensamiento crítico y capacidad para resolver problemas complejos, más allá de la aplicación de fórmulas o procedimientos previamente establecidos.
A esto se suma la alfabetización en datos y en inteligencia artificial aplicada a la gestión, comprendiendo tanto sus posibilidades como sus límites.
La comunicación en los negocios, la capacidad de aprendizaje continuo y una mirada ética y sostenible también forman parte de las competencias que serán cada vez más valoradas.
Las empresas, según el especialista, están demandando profesionales capaces de comprender que sus decisiones tienen efectos que van más allá de los resultados financieros inmediatos. Por eso, la formación del administrador comienza a incorporar una mirada más amplia sobre la organización y su impacto.
Un administrador que anticipe y no solo responda
El cambio de perfil también permite proyectar cómo será el administrador que las empresas buscarán en los próximos años.
Laguardia lo define como una especie de traductor entre los datos y las decisiones de negocio, además de un gestor del cambio dentro de las organizaciones.
El profesional deberá combinar una visión integral de la empresa con la capacidad de anticipar escenarios, en lugar de limitarse a reaccionar ante ellos. A esto se agregará la necesidad de contar con inteligencia emocional para liderar equipos en contextos de incertidumbre y transformación permanente.
El desafío, resumió el ejecutivo, consiste en dejar atrás una función centrada exclusivamente en la ejecución de procesos para asumir un lugar de mayor influencia dentro de la organización.
“El desafío es dejar de ser quien ejecuta procesos para convertirse en un socio estratégico dentro de la organización”, sostuvo.
Esto supone que el administrador participe en las conversaciones que preceden a las decisiones empresariales y no únicamente en la etapa posterior, cuando corresponde procesar información y elaborar reportes.
La disciplina como una competencia que no pierde vigencia
Aunque la tecnología y las nuevas competencias están modificando profundamente la profesión, existe una cualidad que, para Laguardia, mantiene su valor independientemente de los cambios del mercado laboral: la perseverancia acompañada de disciplina.
Su mensaje para los estudiantes y profesionales del área administrativa apunta precisamente a sostener el profesionalismo frente a las oportunidades y exigencias de un mercado cada vez más dinámico.
“Hay una competencia que es la que define todo: perseverancia y disciplina para afrontar con profesionalismo la gran oportunidad que significa administrar una empresa”, concluyó.
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