No se le dará otra señal que la de Jonás
Reflexión sobre la importancia de escuchar la palabra de Dios con el corazón abierto
La búsqueda de señales con el corazón endurecido
Esta generación es una generación perversa, buscan una señal. Lo que reprocha el Señor no es que pidan un signo. El Antiguo Testamento está lleno de signos que muestran el cuidado de Dios por su pueblo: el paso del mar rojo, las tablas de la ley, el arca de la alianza, entre otros.
Los signos son buenos. Jesús les llama generación perversa porque tienen el corazón endurecido, porque no están dispuestos a escuchar. Porque la soberbia les ciega.
La señal de Jonás como único testimonio
Por eso les dice que la única señal que se les dará es la señal de Jonás. Jonás fue enviado a predicar la conversión a los habitantes de Nínive, la ciudad más importante del imperio Asirio. Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad e hizo un día de camino proclamando:
Dentro de cuarenta días Nínive será destruida
Los habitantes de Nínive hicieron caso al profeta Jonás:
Convocaron a un ayuno y se vistieron de saco del mayor al más pequeñoTenían un corazón sensible dispuesto a abrirse a Dios, aunque estaban lejos de Él.
La invitación a escuchar con disponibilidad
Jesús les pide ser escuchado por la autoridad con la que les habla y por los signos que va haciendo cuando va recorriendo las distintas ciudades.
Jesús nos pide que sepamos escuchar, que tengamos un corazón abierto a todo lo que nos viene de Dios. Que sepamos escucharle cuando nos habla a través de su palabra, a través de una lectura, a través de otra persona o a través de una situación por la que atravesemos.
El ejemplo de María: escucha y guarda
Nos pide Jesús que nos fiemos y vivamos de su palabra, como hizo la Virgen. Justo antes de este episodio se lee aquella alabanza preciosa de Jesús a su Madre:
Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardanEsa fue la actitud de la Virgen durante toda su vida.
El Papa Benedicto XVI describió esta actitud de María con palabras muy bellas:
la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual entra y sale con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios: la Palabra de Dios se convierte en Palabra suya y su palabra nace de la Palabra de Dios
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