Jueves, 23 de Julio de 2026

Santa María Magdalena

El ejemplo de amor y fe que trasciende los tiempos

23/07/2026 01:01 3 min lectura 57 vistas

Un camino de fe y amor

La vida de Santa María Magdalena sintetiza una enseñanza fundamental: como expresaba San Josemaría, "¡No hay más amor que el Amor!". Su historia, tal como la presenta la Iglesia en la liturgia, muestra un recorrido espiritual completo desde el primer encuentro hasta la Resurrección.

Según el prefacio que la Iglesia utiliza en la Misa dedicada a esta santa, el itinerario vital de María Magdalena comienza con Cristo resucitado apareciendo visiblemente a ella en el huerto. Este momento representa el culminante de una secuencia de momentos significativos: ella lo amó en vida, lo vio morir en la Cruz, lo buscó yacente en el sepulcro, y fue la primera en adorarlo después de su resurrección de entre los muertos.

Esta dedicación constante resultó en un honor divino singular: Dios la eligió para ser "apostolorum apostola", apóstol de los apóstoles, confiándole la misión de que la buena noticia de la vida nueva llegara hasta los confines del mundo.

Lo que revela el amor

Una reflexión atribuida a San Agustín afirma que "si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama". Esta máxima resulta especialmente illuminadora al considerar a María Magdalena. Aunque su biografía presenta pocos detalles específicos —sabemos que Jesús expulsó de ella siete demonios—, lo verdaderamente fundamental se descubre en los momentos cruciales de la vida del Señor.

María Magdalena no se separó de Jesús ni en la Cruz ni en el sepulcro. Esta constancia en la fe y el amor fue el motivo por el cual Dios la unió a ella para siempre en el acontecimiento feliz de la Resurrección, reconociendo así su devoción y fidelidad.

María Magdalena y la Madre de Jesús

Resulta particularmente significativo que la única mujer que comparte y supera todos estos rasgos de María Magdalena lleve el mismo nombre: María, la Madre de Jesús. Ambas mujeres fueron elegidas por el Señor para una misión concreta: para amar viviendo, para vivir amando.

La vida de estas dos Marías demuestra cómo el fuego de sus corazones dejó marcada la senda para todos los que vendríamos después. Su ejemplo trasciende los tiempos, ofreciendo una lección perenne sobre la importancia del amor auténtico y la fe inquebrantable en momentos decisivos.

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