Somos una obra maravillosa de Dios
Reflexión sobre la identidad espiritual en la vida cotidiana
La visión limitada y la verdadera identidad
Jesús regresa a Nazaret, el lugar de su infancia y juventud donde aprendió el oficio de artesano junto a José. Sin embargo, encuentra a los habitantes de su ciudad con una visión estrecha y limitada de su persona. Aunque reconocen asombrados sus prodigios y su sabiduría, no logran ver más allá de su origen humano: lo consideran simplemente como el hijo de José y de María, uno más del pueblo.
Los nazarenos se quedan atrapados en una mirada horizontal de la vida, incapaces de reconocer en Jesús la dimensión vertical de su identidad como Hijo de Dios.
Una lección para nuestras vidas
Esta experiencia ofrece una lección significativa para reflexionar sobre nuestra propia identidad. Así como los habitantes de Nazaret limitaban su comprensión de Jesús a lo que podían ver, frecuentemente nos vemos limitados por una visión horizontal de nuestras vidas.
Nuestras relaciones familiares, nuestro trabajo, nuestras cualidades y talentos, nuestras amistades e historia personal no bastan para explicar completamente quiénes somos. Existe una dimensión más profunda que descubrir: nuestra verdadera identidad como hijos de Dios.
Vivir la dimensión vertical en lo cotidiano
La invitación es a vivir en una dimensión vertical mientras habitamos este mundo. En nuestras familias, en nuestros trabajos y quehaceres diarios, en nuestras amistades y en el lugar donde vivimos, somos hijos de Dios. Esa identidad nos llama a hablar en nombre de Dios, a llenar todo del nombre de Dios y a hacer presente la mirada y la voz de Jesucristo en nuestras acciones cotidianas.
Somos más de lo que se ve a simple vista. Somos una obra maravillosa de Dios.
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