Sábado, 17 de Octubre de 2026
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Tres historias sobre la patria, la memoria y el último regreso

El deseo compartido de volver a la tierra de origen trasciende profesiones, circunstancias y distancias

17/10/2026 07:02 4 min lectura 139 vistas
Tres historias sobre la patria, la memoria y el último regreso

Nadie sabe con certeza cuándo nació esa expresión, ni si alguna vez alguien volvió realmente siguiendo el llamado de la luna. Pero, como ocurre con muchos dichos populares, quizá no pretenda describir un hecho, sino revelar una verdad.

A lo largo de los años se conocen tres historias que nunca han dejado de impresionar. Son diferentes entre sí, pero terminan exactamente en el mismo lugar.

La historia del Dr. Silvio Báez

La primera es la historia del Dr. Silvio Báez, nacido en un hogar humilde del Paraguay. Camarada de correrías de José Asunción Flores por la Plaza Uruguaya, donde para ganarse la vida ejercía de canillita. Gracias a un mecenas pudo estudiar y llegar a ser médico.

Muy pronto, emigró a los Estados Unidos, donde desarrolló una carrera extraordinaria. Fue profesor universitario, investigador reconocido y una figura respetada en el ámbito de la fisiología y la medicina crítica.

Sus trabajos sobre el denominado tercer espacio, fundamentales para comprender la fisiopatología y el tratamiento del shock, le dieron reconocimiento internacional y valió su postulación al Premio Nobel de Medicina.

En el gran país del norte formó una familia, alcanzó una posición económica holgada y recibió importantes honores académicos. Había conseguido todo aquello que un médico puede aspirar a lograr.

Sin embargo, cuando llegó el momento de redactar su última voluntad, pidió algo que ningún éxito profesional podía reemplazar: que sus cenizas regresaran al Paraguay, al país que lo había visto nacer.

El Dr. García y su legado

La segunda historia pertenece al Dr. García, otro médico paraguayo, medalla de oro de su promoción, que emigró a los Estados Unidos junto con su esposa, también médica.

Allí construyeron una brillante vida profesional y familiar. El prestigio académico, el reconocimiento de sus colegas y el bienestar económico fueron el resultado de muchos años de trabajo.

Con generosidad ayudó a las instituciones educativas de su comunidad mediante importantes donaciones y llegó incluso a construir un hotel para favorecer el desarrollo turístico de su ciudad natal. Vivía lejos, pero seguía sembrando en la tierra donde había nacido.

Cuando falleció, su deseo fue el mismo que el del Dr. Silvio Báez: que sus cenizas descansaran en el Paraguay.

Un emigrante común

La tercera historia no pertenece a un científico célebre ni a un profesor universitario. Es la de un paraguayo común que, siendo muy joven, emigró a la Argentina, impulsado por dificultades económicas y circunstancias políticas.

Allí trabajó, formó una familia y nunca más regresó. Durante muchos años, solo se tenían noticias de él por las menciones ocasionales de algún familiar. Su vida había transcurrido lejos y, poco a poco, aquel pariente ausente se había convertido casi en un recuerdo.

Pero cuál no sería la sorpresa cuando, un día, llegó un primo para cumplir el deseo postrero de su padre: que la mitad de sus cenizas fueran traídas y depositadas en la tierra donde había nacido.

Aquel encuentro inesperado permitió comprender que, aunque aquel hombre había vivido toda su vida lejos del Paraguay, nunca había dejado de pertenecer, de alguna manera, a aquella tierra. No había regresado en vida, pero regresaba ahora, en las cenizas, al lugar donde había comenzado su historia.

Un mismo deseo, tres destinos distintos

Tres hombres. Tres vidas completamente distintas. Tres destinos separados por profesiones, circunstancias y trayectorias. Y, sin embargo, un mismo deseo.

¿Qué fuerza puede ser tan poderosa como para sobrevivir al éxito, a la distancia, al paso de los años e incluso a la muerte?

En estos casos hay algo más profundo que la simple nostalgia. El paraguayo que emigra, por la causa que fuere, lleva consigo una forma de desarraigo que difícilmente desaparece. Puede adaptarse a otra tierra, construir allí una vida y alcanzar el éxito; pero una parte de él permanece ligada al lugar que dejó. Este vínculo profundo con la patria de origen trasciende circunstancias personales y se mantiene como una conexión fundamental con las raíces.

Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Diario Paraguayo gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del Diario UltimaHora.

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