Benjamín Almada: el joven pastelero paraguayo que conquista competencias internacionales
Con apenas 13 años, el talentoso repostero comparte su pasión por la cocina y la importancia de reunir a la familia alrededor de la mesa
En esta edición del programa Expresso, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos visita al joven prodigio de la pastelería paraguaya Benjamín Almada, quien con apenas 13 años se está destacando en exigentes competencias internacionales llevando sabores dulces a los más finos paladares del mundo.
Los primeros pasos en la cocina
La historia de Benjamín comienza a los aproximadamente cinco años, cuando acompañaba a su abuelo, quien es pizzero. Entre la harina y el aceite, el joven aprendía los secretos de la cocina mientras jugaba. "Un día le dije a mi mamá 'me gusta la cocina, quiero cocinar'", recuerda. Desde entonces, su madre lo guió en sus primeros pasos culinarios, iniciándolo con premezclas y bizcochuelos.
El talento culinario de la familia tiene raíces profundas. Según cuenta Benjamín, su abuelo le relataba que su hermana era repostera, lo que sugiere que la pasión por la cocina forma parte de la herencia familiar.
De lo salado a lo dulce
Cuando ingresó a la escuela, Benjamín continuó desarrollando sus habilidades culinarias. Asistía a un colegio en Asunción y se levantaba temprano cada mañana desde su hogar en Capiatá. Los fines de semana se dedicaba a estudiar pastelería, enfocándose inicialmente en platos salados como canelones de verdura.
Sin embargo, fue probando lo dulce cuando descubrió su verdadera vocación. "Hice una tarta y me gustó más lo dulce hacer porque la pastelería es muy exacta. No te podés equivocar un gramo", explica. Esta precisión lo cautivó, ya que en la pastelería se utilizan balanzas de precisión y medidas exactas en gramos, a diferencia de lo salado donde las cantidades son más aproximadas.
La pasión por reunir a la familia
Más allá de la técnica, lo que realmente mueve a Benjamín es el significado profundo de la cocina. "Lo que más me gusta de la cocina es que la familia se reúna en una mesa para compartir, hablen y que esa comida sea lo que les una a ellos", reflexiona con entusiasmo.
Recuerda con nostalgia los momentos en que su madre lo subía en un banquito para que batiera la premezcla del bizcochuelo. "Me encantaba eso. Poníamos en el horno y decía 'guau, qué linda es la pastelería, qué lindo es cocinar'".
Precisión y dedicación
En sus inicios, Benjamín enfrentó los desafíos típicos de quien se inicia en la pastelería. Las primeras veces que preparaba bizcochos los sacaba del horno demasiado pronto, lo que impedía que crecieran adecuadamente, dejando una masa aplastada. Sus profesores le enseñaron la importancia de la paciencia: esperar a que el bizcocho esté bien hinchado antes de retirarlo del horno.
Para verificar el punto exacto de cocción, Benjamín utiliza un palillo en lugar de un cuchillo, ya que este último deja una abertura demasiado grande. "Cuando vemos que ya sale limpio, ya está", señala con la experiencia adquirida a través de la práctica constante.
La dedicación de Benjamín Almada representa el espíritu emprendedor de los jóvenes paraguayos que se destacan en disciplinas que requieren precisión, creatividad y pasión genuina por su oficio.
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