Claves de la compleja crisis que tiene en vilo al Gobierno de Bolivia
“¡Fuera Rodrigo Paz!”, dicen grafitis en la capital política de Bolivia. Seis meses después de asumir el poder, el presidente centroderechista enfrenta una compleja convulsión social con un cóctel de reclamos, intereses y desaciertos que dificultan una salida a la crisis, según analistas.
En medio del hartazgo por la situación de la economía, en su peor trance en cuatro décadas, una ola de protestas escaló esta semana con su epicentro en La Paz, cercada desde inicios de mayo por bloqueos de rutas que provocaron escasez de alimentos, medicinas y combustible.
DETONANTES. Bolivia agotó sus reservas de dólares para sostener una política de subsidios a los combustibles. Poco después de llegar al poder en noviembre, Paz los eliminó.
El precio se duplicó y encima las gasolineras empezaron a vender combustible contaminado que dañó miles de vehículos, lo que indignó a la gente, principalmente a los transportistas. La “gasolina basura”, le llamaron.
Un segundo detonante fue el anuncio oficial de una ley que convertía pequeñas propiedades rurales en medianas para facilitar a los propietarios acceso a crédito, pero campesinos indígenas la rechazaron por temor a que terminaran en manos de bancos y luego latifundistas.
La politóloga Adriana Rodríguez señaló que sectores de la “Bolivia profunda” (campesina e indígena) votaron por Paz y al “verse excluidos del poder político” comenzaron a presionar, en medio de la “tibieza del Gobierno” frente a los problemas.
En campaña, prometió estabilidad económica y “un capitalismo para todos”, donde el motor sea la gente y no el Estado.
“Hay sectores que han tomado posturas radicales, pero también otros que se movilizan frustrados tras las expectativas que generó” Paz, opinó Daniel Valverde, analista y profesor de ciencia política.
RECLAMOS. Sin un solo líder, el movimiento de protestas se amplificó en mayo con los maestros, obreros y mineros.
Frente a una inflación que en 2025 fue del 20%, la poderosa Central Obrera Boliviana (COB) reclamó aumento salarial por el mismo porcentaje y los maestros una jubilación con su salario total.
“Cada quien tira por su lado, responde a ciertos intereses, a ciertos grupos”, apuntó la politóloga Daniela Osorio-Michel, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA).
Para la también politóloga Ana Lucía Velasco “hay motivaciones políticas de aprovechar los errores y desaciertos del gobierno para ganar capital político hacia el movimiento de oposición y de rearticulación de la izquierda”.
Al prolongarse la crisis, se pasó a exigir la renuncia del presidente. El Gobierno denunció el miércoles que grupos de manifestantes buscan alterar el “orden democrático”.
EVO. El Gobierno de Paz, que puso fin a 20 años de gobiernos socialistas, acusa al ex presidente Evo Morales (2006-2019) de estar detrás de las protestas con el fin de volver al poder. Una marcha de sus seguidores llegó el lunes a La Paz.
“El Gobierno juega a polarizar y estigmatizar a Evo Morales como el único responsable de todo lo que está pasando, pero ha cometido errores y desaciertos que han escalado la situación”, dijo Velasco.
Prófugo por un caso de presunta trata de una menor y refugiado desde 2024 en la zona cocalera del Chapare (centro), Morales denuncia un supuesto plan de Washington para detenerlo o incluso matarlo con el apoyo del gobierno de Paz.
Sin mencionarlo, EEUU, que con Paz ganó otro aliado en América Latina, aseguró que Bolivia se enfrenta a un intento de “golpe de Estado” y no dejará que “criminales y narcotraficantes” derroquen a un líder democrático.
Valverde estimó que el líder cocalero, aunque tuvo gran poder de convocatoria, “está muy atrincherado”; y Osorio-Michel recordó que “los resultados de la última elección mostraron un desencanto de la población hacia él”.
GUERRA DE DESGASTE. ”Muy poco. Una vez que las demandas se escalan para pedir la renuncia, no se puede ceder. Es más una guerra de desgaste, queda ver quién se agota primero: el gobierno, los ciudadanos o los manifestantes”, estimó Velasco.
Paz advirtió el miércoles que no negociará con “vándalos”, pero en un intento por calmar las aguas anunció que nombrá ministros “con capacidad de escucha”.
Para Osorio-Michel, la diversidad de movimientos en la convulsión social y el que no haya cabezas visibles aumenta “la dificultad del gobierno de entablar el diálogo”.
La Paz. Numerosas tiendas siguen cerradas. EFE
La Cámara Nacional de Industrias (CNI) de Bolivia informó este jueves que las pérdidas para ese sector superan los 600 millones de dólares por las protestas y bloqueos de carreteras que desde hace 16 días realizan las federaciones de campesinos del altiplano para exigir la renuncia del presidente del país, Rodrigo Paz.
“Lastimosamente, las pérdidas económicas en este momento para nuestro país ya superan los 600 millones de dólares. Esta cifra, este daño económico nuestras industrias ya no lo van a recuperar”, lamentó el presidente de la CNI, Gonzalo Morales, en una rueda de prensa.
El empresario advirtió que “las industrias bolivianas están enfrentando una de las mayores crisis de los últimos años”, ya que “muchas fábricas han tenido que reducir sus operaciones, otras están al borde de detener completamente su producción y miles de trabajadores” están en la incertidumbre “sobre lo que puede ocurrir en los próximos días”.
“Los bloqueos, la falta de combustible, las dificultades logísticas y el incremento de los costos, más la incertidumbre permanente están asfixiando al aparato productivo nacional”, alertó y agregó que la paralización pone en riesgo los empleos.
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