Desde el estrecho de Taiwán, China observa a la hidrovía
El debilitamiento del derecho internacional en el Pacífico genera implicaciones para la estabilidad de rutas comerciales estratégicas en Sudamérica
La mayor salvaguarda de las naciones de menor peso relativo no reside en el tamaño de sus ejércitos, sino en la vigencia del derecho internacional. Cuando las grandes potencias normalizan la política de los hechos consumados por encima de los tratados, el orden global se agrieta, dejando desprotegidas las yugulares logísticas de los países que dependen exclusivamente de las reglas escritas para sobrevivir.
A lo largo de los análisis anteriores de esta serie, se examinó cómo el Partido Comunista Chino ejecuta una estrategia de asfixia silenciosa en su periferia. Se analizaron la construcción de bases militares sobre arrecifes en la Zona Económica Exclusiva de Filipinas y las operaciones coercitivas en la zona gris orientadas a una eventual anexión de Taiwán, ignorando la voluntad de sus ciudadanos.
Sin embargo, el verdadero peligro de estas acciones para el resto del mundo no radica en la expansión geográfica de Beijing en sí misma, sino en el precedente que instaura: la demostración de que una superpotencia puede violar los tratados internacionales y las fronteras jurídicas sin pagar un costo real.
Este desprecio por el derecho internacional proyecta una sombra indirecta pero significativa sobre Sudamérica. Cuando el orden basado en reglas se debilita a nivel global, el eco de esa vulnerabilidad resuena en las arterias fluviales estratégicas, afectando de manera crítica a las economías mediterráneas.
La ley escrita como escudo paraguayo
Para Paraguay, la hidrovía Paraguay-Paraná representa una arteria económica y logística fundamental. A través de este sistema fluvial circula aproximadamente el 80 % del comercio exterior nacional. Al carecer de una costa oceánica, la garantía de que los productos lleguen a los mercados internacionales no depende de capacidad naval, sino de un entramado jurídico internacional: el Tratado de Las Leñas, los acuerdos de navegación y los principios de libre tránsito consagrados por el derecho internacional. Para una nación mediterránea, la ley constituye el único escudo posible frente a asimetrías geográficas.
Actualmente, la hidrovía goza de una estabilidad operativa sostenida por una afinidad política entre los gobiernos de Asunción y Buenos Aires, sumado a una relación predecible con Brasilia. Las tensiones por tasas o peajes se resuelven mediante canales institucionales. No obstante, la historia política sudamericana es pendular. Los gobiernos cambian y sus orientaciones se transforman.
El riesgo de los péndulos ideológicos
El verdadero riesgo a largo plazo para Paraguay radica en que, ante un futuro escenario de fricción política o giro ideológico en países de tránsito, el precedente del Pacífico se traduzca en una normalización de la arbitrariedad regional.
Si el orden internacional se degrada hasta que los acuerdos suscritos dejen de ser vinculantes, una nación mediterránea quedaría expuesta a que sus vecinos adopten medidas unilaterales o bloqueos burocráticos en la hidrovía, emulando la conducta que potencias como China ensayan sin consecuencias en los océanos.
Cuando las superpotencias demuestran que pueden pasar por encima de los derechos de naciones pequeñas basándose únicamente en su peso relativo, erosionan la arquitectura jurídica que protege a todos los países de menor dimensión del planeta.
El imperativo de defender las reglas
Por tanto, observar lo que ocurre en el estrecho de Taiwán no es un ejercicio de curiosidad ajena para Paraguay. Defender el respeto irrestricto al derecho internacional y denunciar las políticas de coerción en el Pacífico constituye, en esencia, defender la vigencia de las reglas que garantizan la sostenibilidad de rutas comerciales estratégicas para naciones que dependen de acuerdos multilaterales.
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