En Paraguay, un Estado ausente condena a la población a la miseria
Una serie de reportajes publicados por este diario expone la cruda realidad que se vive en el barrio Corumbá Cue de Mariano Roque Alonso. Para los vecinos, la situación es insostenible en el barrio al que también denominan barrio zombie, debido a la cantidad de personas, entre ellas muchos adolescentes, la mayoría nativos de la comunidad Maká que deambulan por las calles en estado de gran alteración debido al consumo de drogas y alcohol y que por eso son presa fácil para la explotación sexual y el microtráfico.
Dicen los pobladores que esto se debe a la falta de gestión de las autoridades tanto municipales como del Gobierno central, y que por eso la juventud indígena y la juventud en general están siendo destruidas. En este caso, la principal herramienta para esa destrucción es la droga.
En las palabras de una vecina, uno de los problemas que no pueden resolver es el control de la venta de drogas: “Le agarran a uno, se queda otro; le agarran a otro y en su reemplazo siempre aparece otro”; lamenta que las drogas van consumiendo a jóvenes y adolescentes nativos y no nativos.
La pobladora mencionaba que hubo reuniones entre líderes de la comunidad Maká y los vecinos, propietarios de comercios y despensas y una de las propuestas fue que ya no vendan bebidas alcohólicas a los nativos y los líderes los mantendrían encerrados para que no pudieran salir a emborracharse, “como si fuera la solución”, decía la vecina.
Precisamente, uno de los más agudos problemas que se puede detectar actualmente a nivel urbano es el del microtráfico, el que está presente en 68 barrios de Asunción, según el mapa elaborado por la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), que también muestra que 14 de ellos tienen una concentración muy alta en cuanto a la comercialización de estupefacientes. Esta realidad no se limita a la capital, sino que se extiende a ciudades del Departamento Central con una calificación “muy alta”, que incluye a Luque, Capiatá, Ñemby, Villa Elisa y Lambaré. Y como bien explicaba un funcionario de Senad, el microtráfico tiene una dinámica particular: Se desarticula un punto y surgen nuevos intentos de reinstalar la actividad dentro del mismo barrio.
La realidad que se vive en Corumbá Cue es tan compleja, que se ha ganado el estigma de barrio zombie en Mariano Roque Alonso. Detrás de esa denominación están a la luz la vida de miseria a la que están condenados cientos de niños, niñas y adolescentes que sobreviven en un entorno que se ha vuelto propicio para la vulneración de sus derechos. Ellos han sido abandonados y arrojados a los brazos del microtráfico y de la explotación sexual.
Mientras los vecinos temen y, sin duda, se sienten inseguros y fastidiados, algunos de ellos intentan encontrar alguna solución mientras las instituciones del Estado callan. La indiferencia del Gobierno central y del Municipio es atroz y su silencio es cómplice de quienes explotan a esos niños y jóvenes.
El Estado ausente se manifiesta en esos derechos vulnerados en la deserción escolar, el consumo de drogas, la explotación sexual y el microtráfico. Precisamente el reportaje de ÚH exponía que la zona cuenta con baldíos, convertidos en selvas urbanas, que no solo son depósitos de desechos, sino escenarios de crímenes atroces, donde, según las denuncias, niñas y adolescentes nativas son llevadas para ser explotadas sexualmente por adultos no nativos.
Es hora de que el Estado paraguayo garantice a todos y todas las condiciones necesarias para una vida con dignidad. Y, en particular, debería concentrarse en los más olvidados y vulnerables, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que no tienen asegurados sus derechos a acceder a una educación pública de calidad, salud, seguridad, recreación y perspectivas de un futuro con calidad de vida.
Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Diario Paraguayo gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del Diario UltimaHora.
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