Entre rejas y cámaras: El alto costo de buscar mayor seguridad
Casas enrejadas casi hasta el techo, comercios que atienden solo tras barrotes, perros guardianes, custodios privados, cámaras de alta resolución de circuito cerrado, así como la adquisición de armas de fuego, son apenas algunas medidas que son implementadas por la mayoría de las familias de los barrios de Asunción y Central, ante la ola de inseguridad. Es decir, la gran mayoría de los pobladores decidieron invertir mucho dinero para su seguridad y la de su hogar.
Las viviendas y los comercios enrejados cuentan una historia que se desarrolla más allá del panorama estructural. Nace desde una necesidad de mayor seguridad y protección, además de cuidar los bienes que fueron adquiridos con mucho sacrificio, por lo que la ciudadanía en general opta por vivir tras las rejas.
“La necesidad de seguir trabajando nos hace buscar formas de sentirnos protegidos, ya que estamos expuestos siempre a ser víctimas de asaltos”, señaló don Pablo, un modesto despensero de 78 años del barrio Obrero de Asunción.
El almacenero explicó que los asaltos o robos en el populoso barrio capitalino se dan a cualquier hora del día, sin importar las circunstancias. Por ello, remarcó que tuvieron que invertir en la instalación de distintos sistemas de seguridad, como cámaras de seguridad y rejas.
“Antes atendíamos el negocio con las puertas abiertas. Nos sentábamos en la calle y no había problema. Ahora no podemos estar en la calle, cada rato pasan personas que piden dinero o ante cualquier descuido te llevan alguna pertenencia”, relató el trabajador.
EXTREMO. Viviendas enrejadas hasta el techo se convierten en verdaderos búnkeres para brindar mayor seguridad.
Dijo que la necesidad de adquirir medicamentos y la de hacerse constantemente estudios médicos, además de seguir ayudando a la familia con los gastos, hacen que no pueda cerrar el negocio y la de exponerse a diario ante los hechos de inseguridad.
Resaltó que uno de los problemas más graves que atraviesa el barrio es la gran cantidad de jóvenes que cayeron en las drogas y deambulan por las calles. “De ellos (chespis) no te podés descuidar ni un segundo. Cualquier plantera o silla te llevan”, remarcó.
Tras un recorrido por distintos barrios de Asunción se puede observar la cantidad de viviendas enrejadas. Se trata de hogares que se convirtieron en verdaderas fortalezas.
EN CENTRAL. La situación sobre inversión en seguridad no cambia en el Departamento Central. Comerciantes y residentes también tuvieron que implementar algún tipo de sistema de seguridad para evitar ser víctima de robos.
En la ciudad de Villa Elisa, una joven madre de nombre Belén relató todos los cambios que tuvo que hacer en su mercería, luego de que malvivientes lo visitaran en más de tres ocasiones. Ante la extrema situación de inseguridad y la constante exposición en que se encontraba la mujer, que normalmente está acompañada de sus hijos menores cuando atiende su negocio, tuvieron que acceder a un préstamo para poder colocar rejas y cámaras de vigilancia. “Para nosotros fue un gasto tremendo, porque podíamos haber invertido más en el negocio con esa plata, pero tampoco podríamos permanecer desprotegidos. Lo material se recupera, pero la vida no”, afirmó la comerciante.
Contó que una vez, a plena luz del día, de siesta, dos menores ingresaron a su local y la golpearon, para luego llevar la suma de G. 300 mil y un celular. Todo esto ocurrió ante la presencia de su hijo de 5 años, que quedó con mucho temor. “Desde esa vez decidimos poner la rejas a cualquier costo”, precisó la mujer.
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