Fondos públicos, al servicio de la campaña sucia contra Cartes
El gobierno de Abdo Benítez habría destinado aproximadamente USD 44 millones en pautas publicitarias distribuidas estratégicamente para sostener y amplificar una narrativa de ataque contra el líder de Honor Colorado y su grupo empresarial.
El esquema de persecución sistemática contra el expresidente Horacio Cartes durante la administración de Mario Abdo Benítez no solo habría sido una operación política, sino un despliegue financiero sin precedentes. Según datos que emergen del análisis de la gestión anterior, se estima que el Estado paraguayo habría destinado aproximadamente 44 millones de dólares en pautas publicitarias distribuidas estratégicamente para sostener y amplificar una narrativa de ataque contra el líder del movimiento Honor Colorado y su grupo empresarial así como en pago a activistas sociales y políticos.
El monto de 44 millones de dólares representa una cifra astronómica para el mercado publicitario local, pero su valor real no se midió en impactos comerciales, sino en daño reputacional. Bajo el ropaje de “comunicación institucional”, estos fondos habrían servido para aceitar una maquinaria mediática que funcionó como el brazo ejecutor de los intereses de ocupante del Palacio de López en ese periodo.
BLANCO DE INFORMES DE INTELIGENCIA
Mientras las empresas del Grupo Cartes eran blanco de informes de inteligencia filtrados y trabas administrativas, los medios aliados al abdismo recibían inyecciones millonarias de dinero público.
El objetivo era claro: instalar en la opinión pública la percepción de criminalidad, utilizando el peso de la “oficialidad” que otorga el respaldo económico del Estado.
Lo más grave de este operativo es que no se limitó al ámbito electoral. Al atacar sistemáticamente a las empresas vinculadas al exmandatario, el gobierno de Abdo Benítez puso en riesgo miles de puestos de trabajo y la estabilidad de sectores clave de la economía nacional.
TAPAS Y TITULARES
El uso de fondos públicos para financiar tapas y titulares negativos, así como reportes audiovisuales en radio y televisión, buscaba erosionar la confianza de proveedores, bancos internacionales y socios comerciales, intentando forzar un colapso financiero del grupo empresarial del rival político.
La pauta publicitaria, en algunos casos, actuó como el “pago” por la difusión de datos sensibles que, en teoría, debían estar resguardados por el secreto bancario y de inteligencia (SEPRELAD), pero que terminaban expuestos en portadas financiadas por el propio Estado. El uso de más de 44 millones de dólares para una campaña de desprestigio marca un precedente peligroso en la democracia paraguaya. No se trató de una gestión de comunicación de gobierno, sino de la malversación de recursos de los contribuyentes para alimentar una vendetta personal.
SEPA MÁS
También dinero del contribuyente de EE. UU.
Cerca de USD 60 millones, provenientes de fondos de USAID (la disuelta agencia de cooperación internacional del Gobierno de Estados Unidos), habrían sido destinados para el pago de campañas de grupos de organismos no gubernamentales, todos ellos alineados dentro de la misma temática y directiva de los medios de comunicación quienes orquestaban los ataques, bajo el manto de las pautas publicitarias del Estado.
La “campaña sucia” no fue una estrategia de comunicación, sino un esquema de desvío de fondos públicos con el objetivo de anular a un adversario político, dejando una herida abierta en la institucionalidad y en el uso transparente del dinero de todos los paraguayos.
Etiquetas: #gobierno de Abdo BenítezDéjanos tus comentarios en Voiz
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