La evolución de Messi: cómo el argentino adaptó su juego para mantenerse en la élite mundial
A los 38 años, en su sexto Mundial, Messi demuestra que los jugadores de élite encuentran formas innovadoras de reinventarse
Una carrera de constante evolución
Si Argentina logra convertirse en la primera selección en revalidar la Copa del Mundo desde 1962, Lionel Messi será una figura central en esa hazaña. A sus 38 años, el capitán de la selección argentina disputa su sexto Mundial, un récord que comparte con el portugués Cristiano Ronaldo y el mexicano Guillermo Ochoa.
A diferencia de la mayoría de los jugadores que experimentan un declive con los años, los futbolistas de élite encuentran maneras de adaptarse y mantener su nivel competitivo. Mientras que Cristiano se reinventó como depredador del área cuando perdió velocidad, Messi adoptó una estrategia diferente: no se adaptó al declive, sino que se adaptó para dominar y mantenerse por delante de un juego que siempre lo ha perseguido.
Del extremo derecho al centro del juego
Desde su debut con el Barcelona en 2003 a los 16 años, Messi ha experimentado múltiples transformaciones en su rol dentro del equipo. En sus inicios, jugaba por la derecha, regateando frecuentemente y recortando hacia adentro, un estilo que lo hizo reconocible en el panorama futbolístico mundial.
Cuando Ronaldinho, entonces el mejor y más reconocible jugador del mundo, vio entrenar a Messi por primera vez, manifestó: "Va a ser el mejor". Dos años después, en agosto de 2005, Messi se presentó ante el mundo en el Trofeo Joan Gamper ante la Juventus. Fabio Capello, entrenador del conjunto italiano en ese momento, quedó tan sorprendido por el argentino de 18 años que, según reportes, intentó incorporarlo a su equipo.
A los 21 años, con Ronaldinho ya en declive, Frank Rijkaard, entonces entrenador del Barcelona, identificó claramente lo que el equipo necesitaba. "Justo en el centro de todo", expresó Rijkaard, "Cuanto más toque el balón, mejor será para el equipo".
El nacimiento del falso nueve
Durante los primeros meses de Pep Guardiola como entrenador en 2008, la derecha del campo se convirtió en el camino privado de Messi hacia el arco. Sin embargo, Guardiola tomó una decisión estratégica que transformaría el fútbol moderno.
El 2 de mayo de 2009, en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid, Guardiola retiró a Messi de la banda derecha y lo situó en la punta del ataque, pero sin desempeñar la función de un delantero centro tradicional. Samuel Eto'o se desplazó a la derecha, Thierry Henry a la izquierda, y a Messi se le dio una instrucción clara: retroceder, recibir y decidir. El resultado final fue un marcador de 6-2, marcando el nacimiento del falso nueve moderno.
Esta innovación táctica no era completamente inédita. Hungría, bajo las órdenes de Gusztav Sebes, ya había implementado estrategias similares al derrotar a Inglaterra en su propia casa en 1953 con un marcador de 6-3. En aquella victoria, Sebes hacía retroceder constantemente a Nándor Hidegkuti hacia el centro del campo, descolocando a los centrales rivales y generando espacios para Ferenc Puskás y Sándor Kocsis.
Una trayectoria de innovación
La capacidad de Messi para reinventarse ha sido fundamental en su longevidad competitiva. A diferencia de jugadores que intentan mantener su estilo original, el argentino ha demostrado una flexibilidad táctica que le ha permitido seguir siendo decisivo en distintas fases de su carrera.
Este patrón de adaptación continua representa una característica distintiva de los grandes futbolistas, quienes entienden que la evolución es esencial para mantenerse en la élite del deporte.
Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Diario Paraguayo gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del BBC NEWS.
Nuestro equipo editorial trabaja para ofrecerte la información más clara, completa y actualizada.