Jueves, 06 de Agosto de 2026
Política

La peligrosa justificación

06/08/2026 07:00 4 min lectura 54 vistas

Con frecuencia hay un intento de justificar aquello que incluso sabemos no tiene forma de corresponder con dicho valor. Una especie de mecanismo de defensa para estabilizar la conciencia y seguir apretando el botón o jalando el gatillo.

El autor italiano reconoce que todo ser humano posee exigencias inalienables de verdad, justicia, amor y libertad. Y como forma parte de su estructura, estas serán como “chispas” que no dejarán de brotar desde su interior durante toda su existencia; “perturbando” el cotidiano vivir, buscando correspondencia en el accionar humano, provocando inquietudes y preguntas.

En estos tiempos en que el Estado y los gobiernos tienen el poder de decidir quién posee el derecho de vivir y quien no; y promueve leyes para facilitar la eliminación de seres humanos, es posible observar justificaciones adaptadas a las ideologías de turno. La cuestión pasa por no mirar la verdad de frente, no reconocer la gravedad del hecho; evitar llamar al pan, pan.

Viene al caso, por ejemplo, las leyes sobre eutanasia y el suicidio asistido en varios países, introduciendo conceptos como “muerte digna” en casos de enfermedades graves e incurables. Son temas complejos y dramáticos, pues, no corresponde juzgar el dolor y la vivencia de quien lo padece. Pero ante semejante escenario, siempre estará una verdad objetiva y dura de asumir: La vida del ser humano es un bien supremo inviolable, no nos corresponde a nosotros destruirla; y toda muerte provocada constituye a priori una ofensa y violencia a la dignidad humana, no adecuada a su naturaleza. Por ello, promover el compromiso y la aplicación de cuidados paliativos y el esfuerzo de toda la ciencia médica en lugar de acabar con la vida del paciente será a la postre una alternativa más acorde a la realidad de la vida; ella no nos pertenece. Urge –en este sentido– apuntar al compromiso del Estado para que garantice la debida atención sanitaria a las personas que sufren lesiones corporales o enfermedades graves e incurables, especialmente cuando se trata de los más vulnerables económicamente. Algo similar ocurre con la iniciativa recientemente presentada por partidos de derecha en Chile, con el proyecto de ley conocido como “Escucha su corazón” que plantea que los médicos tengan la obligación de informar sobre la actividad cardiaca fetal y ofrecer la escucha del latido antes de un aborto legal bajo tres causales existentes en ese país. Sus detractores, sectores de izquierda, organizaciones feministas y de derechos humanos, lo califican de medida “cruel e inhumana”, mientras que sus impulsores defienden que la medida profundiza el “consentimiento informado”, permitiendo que la madre tome una decisión con plena conciencia de la actividad vital del feto. Más allá de que para muchos eliminar a un ser humano inocente e indefenso no pareciera tan “cruel e inhumano” como que la madre tenga la obligación de escuchar los latidos del corazón de su hijo antes de tomar una decisión, el punto es que nos encontramos ante el intento de anular un dato clave que pone en clara evidencia que el acto a practicarse es altamente grave. No es un cúmulo de células. No es un número o código. Es una vida, un ser humano pequeño. Buscando justificar una acción, que se considera válida y en ese país un derecho legal, se pretende rechazar una evidencia. Las justificaciones exigen autocrítica para que no se vuelvan “elefantes en una tienda de cristales”, como decía un amigo. Existen de todos los gustos y niveles, pero si no la cuestionamos, no solo se puede terminar atentando contra cuestiones de existencia vital, sino también seguir reproduciendo un sistema destructivo social, coimeando o votando a políticos corruptos con algún justificativo internamente válido, pero lejos de la justicia basada en la dignidad de la persona y el bien común.

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