Sábado, 04 de Julio de 2026
Salud

Lo que no pasa en una empresa privada

04/07/2026 07:05 4 min lectura 82 vistas

Esta absurda historia se inició hace seis años, en 2020, cuando el IPS decidió modernizar los quirófanos del séptimo piso del Hospital Central. Para eso, licitó un contrato millonario de más de siete millones de dólares.

La firma adjudicada fue Neighpart SA —ex Chaco’i—, con un historial de incumplimientos con el Ministerio de Salud durante la pandemia. Eso no fue problema para que se le otorgara un millón y medio de dólares de anticipo.

Recién entonces los técnicos se dieron cuenta de que la estructura del edificio no soportaría el peso de la maquinaria comprada. Todo podía derrumbarse, y ese sector del piso siete fue clausurado. Más de diez quirófanos cerrados cuando la institución enfrentaba una crisis de cirugías programadas con larguísimas listas de espera.

Ya que allí no se podía, se ideó construir un nuevo bloque independiente en la planta baja, en otra zona del predio.

Esta segunda obra costó otros siete millones de dólares, pero, ya bastante avanzada, terminó paralizada por observaciones técnicas del suelo y problemas con la distribución eléctrica de Terapia Intensiva e interferencias con los resonadores magnéticos. De nuevo, la carreta fue puesta delante de los bueyes. Con una planificación seria, este problema se habría detectado antes de que se iniciara el proyecto.

Si eso le parece inadmisible, espere, porque apenas comenzamos. Ya estamos a mediados de 2023, y los carísimos equipos igual llegaron. Solución: dejarlos abandonados en el patio del Hospital Central, expuestos al sol, a la lluvia y a la humedad. Desde 2023 hasta hoy. ¿Usted cree que alguien se indignó y tomó medidas urgentes para evitar su deterioro y castigar a los responsables?

No lo desconocían, pues la prensa empezó a publicarlo en septiembre de ese año. Sí, hubo una denuncia del IPS ante el Ministerio Público, pero nadie le dio seguimiento, nadie sabe qué pasó después. Los equipos siguieron ahí, oxidándose. Los quirófanos del séptimo piso, clausurados. Los asegurados, esperando cirugías.

Una auditoría interna de 2024 ya había advertido sobre el pago irregular de anticipos, la falta de planificación y la exposición de los equipos a la intemperie. Pero nadie fue responsable. Ningún funcionario pagó por este desastre.

Recién ahora, en junio de 2026, el presidente del IPS, Isaías Fretes, demostró ante la prensa que la situación es aún más grave. Probablemente muchos de esos equipos de alta tecnología médica estén destruidos. Sus fabricantes jamás habrían pensado que los mantendrían por años al aire libre, sobre pallets enmohecidos y tapados por un hule.

La recorrida de anteayer de Fretes reveló una realidad increíble. Nadie parecía estar bien enterado de lo que había. Una parte de los enormes cables allí depositados había sido robada, aunque se desconocía para qué servirían. Un funcionario propuso como solución ¡revenderlos a la ANDE! Había paneles solares cuyo destino era ignoto. Un contenedor que debería contener una mesa de quirófano estaba vacío. No se podía afirmar que fue robada, porque el inventario disponible era incompleto. Este caos se instaló durante años sin que los sucesivos miembros del Consejo de Administración se inmutaran. ¿Dónde estaban los auditores? ¿Quiénes se enriquecieron con el negociado? Tanta desidia es inhumana y criminal.

En el sector privado esto no pasa, porque el dueño cuida su dinero. Hay controles y consecuencias. Pero en el IPS, el dinero no es de nadie en particular: es de todos los aportantes. Y como es de todos, parece que no es de nadie. Sin consecuencias, la historia se repetirá, porque no es un caso aislado. El IPS siempre logra convertir la ineficacia en un buen negocio.

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