Los mandamientos como lecciones divinas para la vida
Una reflexión sobre el amor a Dios y al prójimo como fundamentos de la salvación
Los mandamientos principales según la enseñanza de Jesús
Al ser cuestionado sobre cuál es el mandamiento principal, Jesús invoca la Shemá Israel, una plegaria que los judíos han aprendido desde la antigüedad:
"Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6, 5). A esta enseñanza añade otro precepto fundamental: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
Las herramientas disponibles para la salvación
La respuesta de Jesús surge ante una pregunta formulada para ponerlo a prueba. Sin embargo, esta situación refleja una realidad común: contamos con abundantes recursos para nuestra salvación. Disponemos de la Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia, el Magisterio de los Romanos Pontífices, acceso a los sacramentos y la posibilidad de recibir dirección espiritual. El camino está claramente trazado, aunque frecuentemente nos resistimos a dejarnos guiar por él.
La invitación a la práctica espiritual
El Evangelio de hoy constituye un llamado para atender la invitación del apóstol Santiago:
"Quien considera atentamente la ley perfecta de la libertad y persevera en ella –no como quien la oye y luego se olvida, sino como quien la pone por obra– ese será bienaventurado al llevarla a la práctica" (Santiago 1, 25).
Lo que nos otorga verdadera libertad es amar a Dios y al prójimo, y precisamente este amor es lo que nos conduce a la felicidad. Esta es la razón fundamental por la cual el Señor nos entrega sus mandamientos: no como imposiciones, sino como guía hacia una vida plena y satisfecha.
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