Viernes, 03 de Julio de 2026

No es solo fútbol

La celebración tras el partido contra Alemania revela algo más profundo que une al pueblo paraguayo

03/07/2026 07:02 4 min lectura 43 vistas

El significado más allá del deporte

En quince días, la percepción sobre un mismo hecho cambia repetidamente. Sin embargo, existe una verdad permanente: esto ya no es únicamente fútbol. Hay algo más profundo que subyace en lo sucedido tras el partido contra Alemania.

Las celebraciones desbordadas constituyen más que un festivo nacional. Existe algo invisible que impulsa estas manifestaciones de alegría colectiva, algo que va más allá de lo meramente deportivo.

Una pasión que nos une

Hasta hace poco, lo que sorprendía respecto a las multitudes en Paraguay era principalmente la peregrinación a Caacupé. Lo que ocurrió tras el encuentro futbolístico fue distinto, pero en el fondo, igual: una pasión que nos une e identifica, aunque no sea el fútbol la que la origine.

Cuando la esencia del ser humano sale a relucir, no encontramos marcos morales ni éticos predefinidos. Lo esencial brota desde lo más profundo e se impone naturalmente. Cuando un pueblo celebra, es señal de que algo está profundamente bien hecho.

La búsqueda de la felicidad

Lo que nos exalta es aquello que permite reconocer ese aspecto fundamental que nos define: la exigencia inalienable de ser felices. Podemos analizarlo desde la sociología o la antropología, pero cuando algo toca el corazón, la vida se enciende y experimentamos algo enorme e irrepetible.

Se produce una especie de coincidencia entre la vida individual y la colectiva. Una unidad que no nace de normas ni códigos, sino de un mismo acontecimiento compartido.

El encuentro entre lo ontológico y el destino

Lo que sucedió fue el encuentro entre lo ontológico y el destino, aquello que está fuera de nosotros. El choque entre lo que se desea y la certeza de que sí, existe. No existe ideal más grande que la felicidad, y el fútbol permitió confirmar, juntos, que eso es verdad.

No fue solo fútbol, fue la confirmación de estar bien hechos. Abrazos, bocinas de autos, miradas cómplices con desconocidos, todo ante el mismo acontecimiento. La felicidad anhelada está ahí, y se recibió una pequeña muestra.

El sacrificio como antesala de la felicidad

El primer aprendizaje proviene de la observación directa: el sacrificio de unos pocos, capaces de arriesgarlo todo por un deporte, demuestra que sin esfuerzo no hay triunfo. La antesala de la felicidad es el sacrificio. Quienes viven así pueden lograr cosas enormes para todo un pueblo.

Volviendo a la rutina, al trabajo o a la familia después de la celebración, esto no debe olvidarse: la vida exige sacrificio para florecer.

Caminos diferentes, una sola meta

En segundo lugar, existe una verdad sobre cómo fuimos creados: se nos llama a alcanzar un propósito común, incluso en nuestra diversidad. Como existen estilos de juego diferentes —posesión, formas de atacar y defender—, hay otros modos donde se corre más, donde el propósito parece desproporcionado, ultradefensivos o con poco ataque. Pero sigue siendo fútbol, sigue siendo digno.

Es un camino distinto que identifica a la Selección y, quizá, al país en su conjunto. Caminos diferentes convergen en una sola meta común.

La necesidad de ser felices hoy

Existe una gran necesidad de ser felices, de comprobar hoy, no mañana, que es realmente posible vivir así. Estos momentos, aunque son solo momentos y no siempre se gana, deben impulsar a amar más ese destino que es también el destino del otro, más que a uno mismo.

Imaginar mirar así a la familia, a padres e hijos. Amarlos porque desean lo mismo, porque necesitan lo mismo. ¡Cuán diferente sería la vida! La conciencia de ser felices es la conciencia de ser salvados.

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