Plata, miedo y medicamentos nunca tuvimos
Por un mes estaremos pendientes solo de la pelota, y en vez de despotricar contra Santi o Bachi, vamos a gritarle al réfere.
La pasión por el fútbol debe ser compatible con nuestra conciencia. No perdemos de vista que tenemos problemas graves en Paraguay ni que el país que es una de la sedes de este Mundial –USA– persigue a los inmigrantes de manera salvaje, inmisericorde e injusta.
Tampoco perdemos de vista que dicho país está siendo cómplice de dos genocidios simultáneos (en Palestina y en Líbano), ambos cometidos por Israel, que por suerte luego no clasificó al Mundial. Que al final es un triste consuelo, pues mientras nosotros asistiremos por tevé al último Mundial de Messi y de CR7, los genocidas seguirán asesinando niños y destruyendo ciudades enteras con total impunidad.
A los paraguayos solo nos dan alegrías colectivas el fútbol, Berta Rojas, Claudinha y Joshua Duerksen, a veces. Y un poco de razón tienen los que dicen que es pan y circo para el pueblo, que el fútbol es el opio, que nos aliena y nos adormece. Aunque a decir verdad, para alienarnos están ahora esos videos que la gente ve compulsivamente en el ómnibus, con el volumen al máximo y sin auriculares. Hacen eso y derechito se van a votar por la ANR.
La vida por acá es complicada, y no creo que haya que sentir culpa por querer evadirse un rato, es que necesitamos esta especie de vacaciones de nuestra realidad para seguir aguantando a este Gobierno que hace rato ya superó a “desastre ko Marito”. Para poder soportar a ese que sabemos y su mansión, su helicóptero, sus interminables viajes y sus fotos con la Selección. Cualquier cosa, menos agarrar la pala…
Paraguayos y paraguayas necesitan motivos para reírse, para gritar de alegría, para llorar de contento, para aunque sea por un rato olvidar los problemas, las carencias, los miedos, la inseguridad y las frustraciones. Quizá ellos, los jugadores, no lo pidieron, pero digo que igual les toca al menos intentar estar a la altura de tanta expectativa, o sea, traigan la copa si no es demasiado pedir.
En medio de la euforia o de la mala onda, la que elijas es válido, te quiero hablar de esa comunidad sobre la que publicó ÚH un reportaje. Banco Yparaguaymi, conocida como Banco’i, está ubicada en una isla entre los ríos Yparaguaymi, Paraguay y Manduvirá, en Cordillera, a tan solo 70 kilómetros de Asunción. ¿Y sabés que?, esa gente vive sin agua potable ni energía eléctrica.
En el reportaje, una pobladora mostraba que carga su teléfono celular analógico usando cuatro pilas grandes. Sin energía no tienen heladeras y conservan sus alimentos en congeladores que llenan de hielo, y eso les dura casi una semana.
En Banco’i hay una despensa, una sola, y el dueño mandó instalar tres paneles solares para que funcione su congelador y resulta que esa energía solar, no la de Itaipú ni Yacyretá, le va a permitir a la comunidad de Banco’i ver el Mundial de Fútbol.
Imaginate, señora, ¡en el país de las tres hidroeléctricas y una ANR que está hace 70 años en el poder!
Por eso digo que al Gobierno le viene bien unas semanas de distracción, lo que no hace menos importante los efectos de la alegría y la efímera felicidad que pueden darnos los goles de la albirró.
Victorias o derrotas en un partido de fútbol no van a cambiar nuestra realidad; eso solamente va a suceder cuando aprendamos a participar y a votar; cuando aprendamos a ser tan apasionados al discutir sobre quién debería ser el arquero titular de la Selección, como si esa cuestión definiera el futuro de la humanidad. Este país solo va a cambiar cuando la discusión sea igual de visceral sobre una lista de concejales o candidatos a intendentes.
Mientras tanto, apenas nos da para el pan y el circo, el asado está caro, pero no faltará el líquido vital. Así que, vamos la Albirró, que plata, miedo, seguridad, medicamentos en IPS y salarios dignos nunca tuvimos.
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