Domingo, 24 de Mayo de 2026
Sociedad

Doble moral ambientalista

24/05/2026 13:01 3 min lectura 75 vistas

Atribuir el freno del desarrollo a las regulaciones ambientales va más allá de un error de diagnóstico; es una distorsión deliberada. El Chaco, ese gigante semiárido que regula nuestro clima y alberga ecosistemas únicos, viene soportando desde hace décadas una de las tasas de deforestación más alarmantes de la región. El avance de las topadoras no ha traído el derrame económico prometido a las mayorías que allí viven. Al contrario, lo que vemos es la profundización de un despojo.

Hablemos de dobles morales. ¿No es acaso una doble moral hablar de inversión y progreso mientras se levantan alambradas que cortan los caminos ancestrales de comunidades indígenas, privándolas de la caza, la pesca y la recolección que sostuvieron su vida por siglos? ¿No es doble moral ignorar que, mientras Filadelfia se consolida como un polo agroindustrial, comunidades como las del pueblo Nivaclé o Ayoreo sufren el desvío de cauces hídricos, la pérdida de su biodiversidad y la total ausencia de títulos comunitarios que el Estado paraguayo les adeuda?

La narrativa extractivista nos quiere hacer creer que cuidar el entorno es un lujo de países ricos que nosotros no nos podemos permitir. Nos plantean un dilema tramposo: O destruimos el bosque para generar divisas, o nos quedamos en el subdesarrollo, pero la sostenibilidad no es enemiga de la producción; es su única garantía a largo plazo.

Un Chaco arrasado, sin montes que frenen los vientos ni retengan la humedad, terminará transformándose en un desierto improductivo donde ninguna inversión, por más millonaria que sea, podrá florecer. El colapso climático y la alteración de los ciclos del agua no discriminan balances contables.

La verdadera doble moral pertenece a quienes exigen seguridad jurídica para sus capitales, pero ignoran la seguridad territorial de los pueblos originarios garantizada por la Constitución. Es la de quienes exigen infraestructura estatal para sacar su producción, pero callan ante el abandono histórico de la salud y la educación en la Región Occidental.

El Chaco no es una hoja en blanco lista para ser rediseñada por el capital financiero. Es un tejido social, cultural y biológico complejo. Responder a las críticas ambientalistas con descalificaciones en redes sociales solo demuestra el miedo a discutir lo importante: Qué tipo de desarrollo queremos, para quiénes está pensado y qué precio estamos dispuestos a pagar como sociedad. Antes de señalar supuestas trabas ideológicas, valdría la pena preguntarse a quiénes enriquece el modelo actual y a quiénes deja, literalmente, sin tierra donde vivir.

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