Lunes, 22 de Junio de 2026
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El fútbol y la presunción de culpabilidad

22/06/2026 13:01 3 min lectura 48 vistas
El fútbol y la presunción de culpabilidad

El fútbol es uno de los deportes que, a lo largo de su siglo y medio, más se ha resistido a los cambios. Sufrió alguno que otro decisivo cada muchos años, conservando con un celo ciego sus diecisiete reglas originales: las que hicieron de él un ejemplo de simplicidad para veintidós jugadores repartidos en un campo rectangular; y para los espectadores que asistían a los partidos en las tribunas de los estadios o, más tarde, los veían por televisión. Hasta que, en la última década, la International Board de la FIFA, el organismo encargado de definir el aspecto reglamentario del fútbol, lo ha sometido a un proceso de aceleración y cambio normativo casi neurótico, que vemos cómo está transformando la naturaleza misma de este popular deporte.

En el heroico triunfo mundialista de Paraguay contra Turquía en California (1-0), con un jugador menos durante más de cincuenta minutos, Miguel Almirón inauguró (¡por segunda vez en el Mundial!) una de estas nuevas reglas neuróticas: la que castiga con una tarjeta roja –“a discreción del organizador”, según la modificada Regla 12, que habla de las faltas y la conducta incorrecta– si un jugador se tapa la boca para hablar. Los hinchas recuerdan que la regla surgió tras el affaire Vinicius-Prestiani en el partido Benfica-Real Madrid de febrero pasado por la Champions League, en donde el jugador argentino se tapó la boca para hablarle al brasileño, quien seguidamente denunció un supuesto acto de racismo. Ahora la FIFA considera que, si el organizador de una competencia lo cree discrecionalmente necesario, taparse la boca –sin preguntar siquiera por lo que supuestamente se dice– es considerado una falta grave, como una patada por encima del tobillo o asestada desde atrás arteramente.

La FIFA desata así la mutación más orwelliana del fútbol: no solo el Big Brother –llamado VAR– puede avisar de este nuevo evento “grave”, sino los jugadores mismos son empujados a convertirse en delatores de sus colegas (como en un renovado macartismo aplicado al fútbol), en casos de común y corriente intercambio de insultos entre dos personas con las pulsaciones aceleradas, amonestables seguramente, pero ¿francamente de manera grave? Esta mutación da inicio a la era de la presunción de la culpabilidad de los futbolistas; no de su inocencia, una anomalía jurídica que no puede más que calificarse de típicamente totalitario, dictatorial. O, como prefiere el nuevo lenguaje punitivo del correctismo político a la manera de la FIFA: discrecional.

Cuando terminó el Mundial de Rusia 2018, el primero en el que el VAR fue utilizado, este cronista publicó una columna titulada “El caso y la trama: tecnología en el fútbol”. Allí nos decantamos por la total ociosidad de la invasión tecnológica en la naturaleza misma del juego, no solo en su percepción mediante la televisión. La naturaleza que habla a la cámara, dijimos con Walter Benjamin entonces, no es la misma que habla al ojo. Ocho años después y con la casi total colonización algorítmica de este deporte, el fútbol como lo conocimos hasta hace una década se nos desvanece rápidamente, como todo lo sólido se desvanece en el aire en la naturaleza cambiante y veloz de la sociedad capitalista, según escribió Marx por los años en que el fútbol nacía.

Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Diario Paraguayo gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del D10 Paraguay.

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