El Papa León XIV aborda la integración de migrantes en visita a Tenerife
El pontífice destaca la importancia del aprendizaje del idioma, respeto a las leyes y participación activa en la comunidad
Mensaje sobre integración y acogida
En el cierre de su visita a España, el Papa León XIV se dirigió a migrantes y a las organizaciones dedicadas a la acogida e integración de poblaciones migrantes en la plaza del Cristo de La Laguna, declarada patrimonio de la humanidad en la isla canaria de Tenerife.
El pontífice estadounidense destacó que las barreras más difíciles de superar no siempre son de naturaleza física. Señaló que existen obstáculos invisibles cuando se ven rostros pero no se reconoce la dignidad de quienes los portan, transformando historias personales en expedientes y diferencias en distancias.
Deberes de ambas partes
Dirigiéndose a las asociaciones que trabajan en la integración de migrantes, el Papa indicó que la acogida abre la puerta, pero la integración ayuda a cruzar el umbral. Enfatizó que integrar no significa borrar la historia personal de quien llega ni exigirle abandonar su memoria, ni tampoco crear comunidades paralelas donde las personas coexistan sin encuentro genuino.
Al dirigirse directamente a los migrantes, el Papa pidió que se abran con confianza a la comunidad que les recibe, aprendan su lengua, respeten sus leyes, conozcan las costumbres locales, participen en la vida común y ofrezcan con gratitud sus dones.
Subrayó que toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan, y quien es acogido descubre que la dignidad reconocida como derecho se fortalece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás.
Oportunidades de renovación
El Papa resaltó que los migrantes buscan una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas.
Hizo un llamado a no olvidar a tantos migrantes provenientes de Latinoamérica, Filipinas y otras latitudes que forman ya parte viva de la comunidad y, con su fe, su trabajo y sus dones, ayudan a renovarla. Pidió a la comunidad católica permitirse ser evangelizada por ellos, pues traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a través de quienes se integran.
Responsabilidad católica
A los católicos, el Papa solicitó que la integración no quede reducida únicamente a una tarea social. Señaló que quien llega a las parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección, y que una conciencia cristiana no puede permanecer indiferente ante las víctimas de tragedias en el mar.
Destacó la existencia de un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad.
El Papa afirmó que integrar es impedir ese segundo naufragio, es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad.
Condena a la explotación
En su discurso, el Papa también emitió una condena a los traficantes de personas y organizadores de rutas migratorias peligrosas, enfatizando la responsabilidad de quienes se aprovechan de la desesperación ajena.
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