Se debe evitar que la violencia destruya la gran fiesta del fútbol
Lo ocurrido en el superclásico del fútbol entre los clubes Olimpia y Cerro Porteño, juego que debió ser suspendido debido a actos de violencia, debe dejar lecciones que conduzcan a la toma de decisiones sensatas y razonables.
El enfrentamiento en las gradas del estadio Defensores del Chaco entre la hinchada organizada del club Cerro Porteño y agentes antimotines de la Policía Nacional ha dejado 45 hinchas heridos y más de una decena de efectivos de las fuerzas de seguridad lastimados.
Es inaceptable que un espectáculo que congregaba a familias enteras haya debido terminar con los servicios de urgencia colmados de personas con lesiones, contusiones, golpes, escoriaciones. Hubo asimismo heridos con balines de goma, hinchas afectados por la inhalación de gas lacrimógeno y una mujer embarazada de 35 semanas debió ser atendida al haber inhalado el gas.
En cuanto a los agentes de la Policía que tuvieron que ser derivados hasta un centro asistencial, la mayoría de ellos no tuvieron lesiones tan graves, excepto dos de ellos que quedaron “más comprometidos”. Uno de ellos es un agentes de 22 años, quien fue brutalmente golpeado por hinchas cerristas en la zona de Graderías; el policía deberá ser sometido a una cirugía, y también a causa de los golpes y patadas, perdió varios dientes, y se estaría recuperado de aquí a dos meses. Otro policía tiene una herida de bala en la zona de la muñeca, tras incidentes con hinchas del club Olimpia fuera el estadio.
Según los testigos de los incidentes, que obligaron a suspender el clásico, los disturbios comenzaron con la explosión de un cebollón, que es un petardo de gran potencia, el cual figura entre los objetos prohibidos por la Policía, pero que se filtró en el estadio al ser vulnerados los controles.
El comisario Héctor Fernández, quien está a cargo de eventos deportivos, hizo responsable a los integrantes de la barra brava por lanzar supuestamente cascotazos y otros objetos contundentes contra policías. Mientras que los hinchas hablan de una reacción desproporcionada de los cascos azules quienes dispararon balines de goma y gases lacrimógenos. De hecho que, llegó un momento durante los disturbios en que los gases afectaron a quienes nada tenían que ver con la barra brava, y ni estaban en dicho sector.
Recordemos que en 2024, en un encuentro entre Cerro Porteño y Sportivo 2 de Mayo hubo incidentes que obligaron a suspender el encuentro en el Defensores del Chaco. Aquella vez, fueron las dos facciones de la barra del club de Barrio Obrero, identificadas como La Plaza y Comando, las que se enfrentaron en las gradas, provocando una gran desesperación de los hinchas presentes con sus familias y niños pequeños.
Como consecuencia, Cerro Porteño había perdido 3 puntos y, además, se había prohibido a las hinchadas organizadas La Plaza y Comando Azulgrana por el plazo de diez años asistir a todo estadio donde se llevan a cabo eventos deportivos. Alguien debe explicar entonces, autoridad nacional y deportiva, cómo es posible que una barra sancionada sigue acudiendo a los juegos y sigue protagonizando incidentes.
No es admisible que tanto las autoridades policiales como las del Club Cerro Porteño desplacen las responsabilidades.
Si bien es conocido el hecho de que detrás del fanatismo se esconden, el microtráfico de drogas, consumo de alcohol, falta de oportunidades para la juventud, que no accede a un empleo digno, salud y educación y, por eso, las gradas son el escenario donde se desatan las frustraciones, deben tomarse decisiones que resuelvan el problema de la violencia en las canchas y que la población que gusta del fútbol pueda seguir disfrutando del campeonato.
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