Historias de supervivencia: cómo venezolanos sobrevivieron a los terremotos de junio
Dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia
Un mensaje de esperanza entre los escombros
Edy Añez disfrutaba de la vista privilegiada de su apartamento en La Guaira, donde podía contemplar el campo de golf de Caraballeda, las laderas de El Ávila y el mar Caribe. Sin embargo, cuando los terremotos golpearon, el techo se derrumbó y solo le quedó el cielo visible.
Los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela a las 18:04 del 24 de junio, con una diferencia de apenas 39 segundos entre ellos. Aquel miércoles era feriado nacional, conmemorando 205 años de la Batalla de Carabobo, la victoria que consolidó la independencia venezolana.
"El edificio se fractura y cuando empieza a inclinarse, se desploma hacia la calle", relató Añez. El edificio donde residía colapsó completamente, quedando él atrapado en el quinto piso con un mueble que le aprisionaba la pierna.
Ante la dificultad de su situación, Añez se concentró en la luz que entraba por una ventana cercana. "Vi el cielo y lo más impresionante fue la cantidad de pájaros y el sonido. Esa imagen no se me va a olvidar nunca", expresó.
Consciente de que podría enfrentar réplicas sísmicas, decidió dejar un mensaje para facilitar su ubicación. En un sobre blanco escribió: "Es Edy. Estoy en último piso. El piso 6 y 7 cayeron encima mío. Estoy bien, veo el cielo. Llamen a mi familia", junto con dos números telefónicos de sus familiares.
Envolvió el sobre en una pelota de béisbol que encontró en una gaveta del mueble que lo aprisionaba y la lanzó por la ventana con toda su fuerza. Luego, empujó el mueble con su pierna libre hasta liberarse, se arrastró por la ventana y descendió hacia los escombros que cubrían la calle.
Otros relatos de emergencia y escape
En Camurichico, a menos de 5 kilómetros del lugar donde vivía Añez, Rafael Durand experimentó momentos de pánico cuando vio colapsar edificios vecinos mientras el suyo se movía como un péndulo.
Su esposa Diana Álvarez estaba en la ducha cuando comenzaron los temblores. Gritó a Durand que cargara a Arantxa, su hija de 4 años, mientras ella se vestía rápidamente. Esa llamada fue crucial: Durand se levantó justo antes de que una vitrina del comedor le cayera encima.
La familia logró descender por las escaleras, aunque Durand tuvo que permanecer unos minutos más para recuperar las llaves del automóvil que habían quedado bajo los escombros. Álvarez grabó parte del recorrido de evacuación mientras temblaba ante las grietas visibles en las paredes.
Estos relatos ilustran cómo momentos de decisión rápida y acciones coordinadas permitieron a varias personas sobrevivir a una de las pruebas más desafiantes de la naturaleza.
Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Diario Paraguayo gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del BBC NEWS.
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