Miércoles, 01 de Julio de 2026
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Terremotos en Venezuela: "Viajé desde Colombia para buscar a mi madre y ahora solo quiero encontrar su cuerpo"

01/07/2026 21:40 9 min lectura 45 vistas
Terremotos en Venezuela: "Viajé desde Colombia para buscar a mi madre y ahora solo quiero encontrar su cuerpo"

Daniel Franco vio por última vez a su mamá hace cuatro años. La foto que abre este reportaje la tomaron el día de la despedida.

Franco dejó Venezuela para venir a Colombia, donde trabaja como bombero en el departamento de Cundinamarca.

Fue en este país, un miércoles aparentemente normal, donde escuchó que Venezuela y su ciudad, La Guaira, habían sido sacudidas por un doble sismo.

Entonces no imaginó cuán mortales serían. Tampoco que la tragedia impactaría de lleno su vida.

Su madre, María Elena Sánchez, jamás reportó su estado.

Franco supo que el edificio donde ella residía colapsó totalmente, que los vecinos buscaban entre los escombros, que su mamá no aparecía.

Agarró su uniforme e implementos de aseo y partió por tierra a Venezuela.

Tras 16 horas de travesía y varios días allí, modula su voz quebrada al teléfono con BBC Mundo: "A mi mamá la sacaron muerta del edificio, pero el problema ahora es que su cuerpo no aparece".

Hasta este miércoles 1 de julio, siete días después de la tragedia, Franco desconoce el paradero de su madre y el de su tía, también desaparecida.

Pregunta a autoridades y no encuentra respuesta. Mira fotos de cadáveres y no los reconoce.

Así es su búsqueda entre la destrucción y la esperanza.

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Ayer fui al edificio donde vivían y hablé con el chico que la sacó de la casa.

Me dijo cómo iban vestidas, que él mismo les colocó un tapabocas.

Por más raro y cruel que sonó esa información, me sirve más en la búsqueda.

Cuando fui al puerto de La Guaira hablé con una chica de la policía científica. Me dijo que allí estaban trasladando cadáveres de hospitales, que todo llegaba allí directamente.

Me he estado enfocando en los tapabocas, pues los fotógrafos también capturan las descripciones que se publican sobre los cuerpos.

Iré a mirar fotos otra vez, pero no hay seguridad de nada.

Me preocupa que la chica que me estaba ayudando dijera que, aquellos restos que llevan muchos días sin reclamaciones, los guardarían en contenedores refrigerados para que sean los forenses quienes los identifiquen a través de dientes y huellas.

Yo no migraría otra vez después de esto. Si volviera a nacer, nunca migraría.

La esperanza se atenúa para las miles de familias que desconocen el paradero de los suyos una semana después del doble terremoto en Venezuela que deja hasta el momento más de 2.200 muertos y más de 11.000 heridos, según el parte del gobierno de este miércoles.

De acuerdo a la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios y el Comité Internacional de Rescate, más de 50.000 personas continuaban desaparecidas tras la catástrofe.

Inmediatamente después de los sismos, el sistema PAGER del Servicio Geológico de Estados Unidos estimó que el número de muertos oscilaría entre los 10.000 y los 100.000.

Franco advierte que hay mucha gente en su situación.

En La Guaira, la ciudad y estado más afectados, muchos cuerpos son llevados al puerto, donde estaban los silos de cereales.

El paso del tiempo y la falta de recursos y equipos de rescate que denuncian testimonios sobre el terreno son implacables con los atrapados entre escombros.

También con los cuerpos inhertes que se vuelven irreconocibles por la descomposición que aceleran el calor y la humedad.

Franco no desiste. Intenta poner paz a su duelo antes de regresar a Colombia, donde una diáspora de casi tres millones de venezolanos, la más grande en el exterior, se moviliza para mandar recursos y alimentos.

O, en su caso, para buscar y dar sepultura digna a sus seres queridos.

La noticia del terremoto la vi estando en el mercado, pero no me preocupé. Era ilógico pensar que el edificio se iba a caer.

Mi hermana vive en Caracas. Hablé con ella y no sabía nada de mamá porque no le llegaban los mensajes.

Tampoco me preocupé. Había cortes de luz. Las antenas para celulares no servían.

Mi supervisora, al ir a trabajar, me dijo que me fuera como fuese a buscar a mi mamá.

Llamé al comandante de bomberos, a una teniente y otro amigo. Me agregaron a una lista de espera para viajar, pero había 400 personas delante.

Probé también con el ejército, pero ya iban de salida y no pudieron llevarme.

Finalmente hice trámites con la Unidad de Gestión de Riesgos, pero me preguntaron datos y luego no respondieron.

Volé a Cúcuta, en la frontera con Venezuela. La crucé y pagué un carro particular hacia Caracas el viernes 26 de junio.

Nos pararon mucho en las alcabalas para revisar las maletas de los pasajeros.

Nos detuvimos tres veces a echar gasolina. En una ocasión pasamos una hora para llenar el tanque.

Un viaje que normalmente dura 12 horas se convirtió en 16.

Al llegar, vi que el edificio cayó sobre sí mismo.

A mi mamá, cuando compró su apartamento, se lo entregaron completamente nuevo en 1998.

Equipos de rescate de diversos países han llegado a Venezuela para colaborar en la búsqueda de sobrevivientes en medio de una extensa devastación que también afectó a Caracas y a otras ciudades de la costa central del país.

Hay decenas de edificios residenciales y comerciales colapsados, principalmente en la capital y La Guaira.

Ante la lentitud y el desafío de los rescatistas para atender las zonas extensas de devastación, los vecinos lideran la búsqueda de desaparecidos.

Excavan a mano limpia, se abren paso entre placas de concreto, sacan con sus brazos los cadáveres.

Todo sin protección, mientras esperan la maquinaria pesada que retire escombros y descubra vidas.

La BBC informa de desespero, indignación y frustración sobre el terreno. Muchos venezolanos denuncian una respuesta insuficiente de las autoridades.

Años de crisis económica, falta de inversión pública y corrupción no ayudan a que Venezuela esté todo lo preparada que puede ante un desastre de tal magnitud.

Según datos del martes 30 de junio ofrecidos por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, los sismos afectaron al menos 855 edificios; 159 inmuebles de los 189 colapsados se encontraban en el estado de La Guaira.

El Sistema de Información Geográfica de Esri Venezuela da cifras mayores: 924 edificaciones afectadas, 226 presentan pérdida total, 272 tienen daño severo y 290 parcial.

Fuente de la imagen, Juan Barreto / AFP via Getty Images

En el perímetro donde estoy son los vecinos quienes ayudan. Hay muchos policías también. Quien sacó a mi mamá es un policía.

Este lunes 29 de junio, sobre las 3-4 pm, llegó un equipo de EE.UU. Hicieron mil preguntas y se fueron. Solo hicieron una inspección. Muchos pasan, preguntan y se marchan.

Sobre las 5-6 pm llegaron unos brasileños. Estuvieron ahí un rato intentando buscar sobrevivientes.

Durante el día picamos la placa del piso y ellos intentaron meter sus cámaras por ciertos espacios para buscar gente, pero no hubo suerte. A las 8 pm se fueron.

En el edificio de al lado no se ha visto a ninguna persona, ni rescatistas, ni vecinos haciendo nada. El edificio se cayó y está ahí solito. Nadie busca nada.

Hay mucho desorden. Todos quieren ayudar, pero nadie coordina con nadie. Falta mucho personal. Son pocos los bomberos que se ven por ahí.

Es tan grande la ciudad y tantos los edificios que se cayeron que no hay una fuerza humana así de bomberos que puedas ver en un sitio.

Hay uno o dos. Están regados, ayudando a los familiares de otros bomberos.

En el edificio de mi mamá quedan cuerpos. Si te paras desde el estacionamiento ves uno que no pudimos sacar por los escombros que tenía encima.

Hay cadáveres que hueles, pero que no puedes mirar.

Es posible que a fines de esta semana me regrese a Bogotá.

Todos me dicen que no siga, que no me exponga a ver cadáveres todo el día. Pero es mi mamá. Quienes me dicen eso no piensan como yo. No es su mamá.

Pienso mucho en cómo murió tanta gente, pues nadie merece morir en esa forma tan violenta.

Uno ve niños tirados en el piso. Duele mucho. Apenas empezaban su vida. Algunos ni caminaban, ni sabían que era un terremoto.

Hay un trato indigno hacia los cadáveres. Sufrieron una muerte terrible y están tirados. La gente abre las bolsas buscando.

Hay quien se excusa en que no estábamos preparados, pero eso es una cosa y otra es no tener lógica.

Escuché que hay edificios donde dejaron de buscar, que ya ordenaron demolerlos. No saben 100% si queda gente o no.

Hay edificios enormes, de 15 pisos. Ahí tiene que haber gente sí o sí.

Cuando destruyan los edificios, los cuerpos quedarán pisoteados y se destruirán entre los escombros.

BBC Mundo recontactó a Franco un día después de la entrevista.

Contó que el martes 30 de junio comenzaron a guardar los cuerpos que llevaban más días esperando.

"Los guardaron en urnas y luego en contenedores refrigerados", dice.

No ha tenido noticia de su madre o de su tía.

"Ahora solo queda esperar que identifiquen (los cuerpos) y publiquen información".

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Esta noticia fue desarrollada por los Profesionales del Grupo Diario Paraguayo gracias a la noticia original creada por nuestros amigos del BBC NEWS.

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