Todos los Santos: la celebración de la santidad en la vida cotidiana
La Iglesia conmemora a quienes vivieron en amistad con Dios, tanto a los canonizados como a aquellos cuya virtud pasó desapercibida
El significado de la santidad discreta
La Iglesia conmemora hoy a todas aquellas personas que vivieron la amistad con Dios en su andar terreno y accedieron así a su gloria. Mientras algunos santos son elevados a los altares como modelos de virtud y amor divino, muchos otros dejaron día a día una impronta de santidad que quizá pasó desapercibida a ojos humanos, pero que nunca escapa a la mirada atenta y amorosa de Dios.
Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, destaca que "Todos los Santos es la fiesta de la santidad discreta, sencilla. La santidad sin brillo humano, que parece no dejar rastro en la historia; y que, sin embargo, brilla ante el Señor y deja en el mundo una siembra de Amor de la que no se pierde nada".
Las Bienaventuranzas como camino de santidad
La liturgia de este día presenta el pasaje de las Bienaventuranzas según san Mateo, subrayando que estas constituyen el equivalente de la santidad, tanto la que se hace famosa como la que solo es conocida plenamente en el Cielo.
Los evangelios recogen dos versiones del discurso de Jesús sobre las Bienaventuranzas: la de Lucas, con cuatro bienaventuranzas y cuatro ayes, y la de Mateo, que incluye nueve. En Mateo, Jesús aparece enseñando al pueblo desde lo alto de un monte, rememorando a Moisés, quien entregó a los israelitas las tablas de la Ley después de permanecer en el monte Sinaí. Jesús desciende a la tierra y enseña con autoridad, llevando a plenitud aquella primera ley e invitando a los hombres a ser perfectos como el Padre celestial.
El rostro de Cristo en las Bienaventuranzas
Cada una de las Bienaventuranzas ha suscitado numerosos comentarios a lo largo de la historia de la Iglesia. El Catecismo explica que "las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad". Jesús es el principal bienaventurado y dichoso porque vivió en la tierra en unión amorosa con el Padre, que es la mayor dicha, por encima de cualquier tribulación.
Las Bienaventuranzas constituyen un compendio de la santidad y una llamada a la misma, ya que iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana. Son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las tribulaciones y anuncian a los discípulos las bendiciones y recompensas ya iniciadas en la vida de la Virgen María y de todos los santos.
Un camino accesible para todos
El Papa Francisco invita a que "emprendamos el camino de las Bienaventuranzas. No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de seguir todos los días este camino que nos lleva al cielo, nos lleva a la familia, nos lleva a casa".
"Nacimos para no morir nunca más, ¡nacimos para disfrutar de la felicidad de Dios! El Señor nos anima y a quien quiera que tome el camino de las Bienaventuranzas dice: 'Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos' (Mt 5,12)".
Esta festividad permite vislumbrar nuestro futuro y celebrar aquello por lo que fuimos creados. La Santa Madre de Dios, Reina de los santos, invita a caminar decididos por la senda de la santidad, llevando a nuestros amados difuntos a la familia celestial.
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